El pasado lunes emitieron un programa en el grupo A3 Media dirigido por el chef Alberto Chicote y con el título #DietasAExamen. Como todos los programas de este tipo, ya sabíamos todo lo que podía salir y, aunque los 5 primeros minutos prometieron, el programa cumplió todo lo que me esperaba. ¿Por qué? Al igual que no aprendes a cocinar en los programas de cocina tampoco vas a conseguir un cambio de hábitos viendo estos programas.

dietas a examen

Yo destaco 10 puntos:

  1. El objetivo final es el peso. El peso de las personas tiene importancia, pero no es lo más importante. Cuando se cumple el objetivo que plantean (pérdida de peso), nos relajamos y volvemos a nuestros hábitos porque no hemos aprendido a llevar otros. El objetivo que debemos plantearnos es la mejora de la salud y el cambio de hábitos. El peso vendrá como consecuencia de estos cambios. Cuando veas un programa cuyo objetivo principal sea la pérdida de peso, cambia de canal.
  2. Los profesionales y sus conflictos de intereses. Siempre me pregunto ante estos programas quiénes están detrás o cómo se financian. Muchos de los profesionales que dan sus consejos en programas de este tipo están elegidos por empresas que pagan por salir (conflicto de interés e imparcialidad). Cuando veas un programa cuyo nombre de la empresa que da el consejo es más importante que el mensaje, cambia de canal.
  3. La audiencia. Los programas de televisión, tanto en emisoras públicas como privadas, se mueven por la audiencia. Para las productoras es lo importante. Que no te engañen, la salud les importa bastante menos, por decir algo. De ahí, entre otros, que el objetivo a destacar sea la pérdida de peso (saben que este mensaje llega a la gente) y no el cambio de hábitos para evitar ese efecto rebote. Cuando veas un programa que sólo busca audiencia con la pérdida de peso, cambia de canal.
  4. Los titulares sensacionalistas. “Pierde 4 kilos en una semana” o “la dieta de las celebrities”, “el pan engorda”, “la dieta vegana es veneno”, etc. Estos mensajes se lanzan con el único objetivo de atraer a más personas con independencia del daño que pueden crear tanto físicos como psicológicos, o incluso en transmitir una información incorrecta. Y el problema es que estos mensajes calan mucho más de lo que podamos imaginar. “Si no te tomas un zumo rápidamente se le van las vitaminas” ¿Verdad que calan estos mensajes? Cuando veas un programa que te envíe mensajes incuestionables, cambia de canal.
  5. La falta de contraste profesional. Es muy común, ver hablando de salud al guapo/a de turno, al famoso/a del momento o a un “vende humos” sin una formación detrás (Pilar Rubio, Patricia Pérez, etc). La labor del periodista es informarse, contrastar y, con una evidencia científica que lo respalde, acudir al profesional acreditado. Por desgracia, no ocurre esto en muchas ocasiones y nos encontramos con programas llenos de falacias, mitos y falsedades. Gente poco actualizada enviando mensajes erróneos u obsoletos. Cuando veas un programa en el que aparezcan profesionales acreditados, cuestiónate lo que dicen y busca otras opiniones (si el presentador no lo hace). Si los que aparecen tienen titulaciones “alternativas”, o simplemente son famosos, no te creas nada y cambia de canal.
  6. Si te he visto no me acuerdo. El programa llega a su fin, el concursante llega a un objetivo tras 2 semanas, un mes o el tiempo que dure el programa y después, fin del programa, fin de su tratamiento, fin del seguimiento, y fin a su cambio de hábitos. Consecuencias: posible efecto rebote, sentimiento de culpa, fracaso otra vez más, etc. Es decir, no se ha conseguido una adherencia y por lo tanto el objetivo no se ha cumplido (al menos el que tenía el concursante, el del programa por supuesto que se ha cumplido). Cuando veas un programa que no va a tener un seguimiento al paciente más allá de lo que te emiten, cambia de canal.
  7. Los mensajes perduran. Todos estos mensajes que se emiten año tras año y que están sacados de publicidades de productos no saludables así como todos los mensajes sensacionalistas que comentábamos anteriormente, calan en el espectador y son más que difícil sacarlos de la cabeza con todo el daño que conllevan. Además, el mensaje lo reciben tanto los concursantes como los telespectadores, y si el concursante ha perdido “x” kilos” en 2 semanas, tú también lo quieres y entonces, haces lo mismo. Y piensas que solo lo puedes conseguir (con toda esa información que has visto en el programa). Lo siento, esto no funciona así.
  8. El enfoque del programa. Los programas son rápidos, no tienen mucho tiempo y la publicidad manda. Los programas no pueden atender a todo el mundo por lo que se generaliza bastante y, en cuestión de cambios de hábitos, dietas y alimentación, no es lo más conveniente. Además, añadir la paradoja que suele ocurrir en estos programas (casual o no…): mucho hablar de frutas y verduras y alimentación saludable y luego, en los 20 minutos de anuncios te meten toda la “mierda” que te están diciendo que no debes comer… Eso es coherencia… Cuando veas un programa que trata de conseguir objetivos rápidos en poco tiempo, y que no predica con el ejemplo, cambia de canal.
  9. Punto de partida. Tratan a todos los participantes por igual. No se tienen en cuenta sus puntos de partida, sólo una analítica y una prueba de esfuerzo. No se tiene en cuenta su nivel sociocultural, su estado emocional, su capacidad para motivarse, su etapa de la vida, etc. No sabéis la importancia que tienen estos puntos y lo presente que hay que tenerlos cuando queremos ganar en salud. No se tienen en cuenta las cuestiones que llevan a la persona a querer perder peso o a haberlo adquirido. O se trabaja la raíz del problema, las dificultades para adherirse al cambio de hábitos, los miedos, el control de la ansiedad. Y esto son aspectos fundamentales en cualquier proceso de cambio de hábitos. Cuando veas un programa en el que tratan a todos por igual (y no me refiero a igualdad de género o discriminación), cambia de canal.
  10. El resultado final. El resultado final no es el final para ti sino para el programa. ¿Qué pasa dentro de 3-4 años? ¿Conserva el mismo peso? ¿Y su salud? ¿Nos importan los concursantes o la audiencia? ¿La culpa es de los concursantes, de las dietas o las fórmulas que se han aplicado? ¿Qué pasa con los efectos y consecuencias que se han podido generar en los espectadores? Sea como sea, finalmente el mensaje ha calado y serán los concursantes y los espectadores quienes, para bien o para mal, “pagarán el pato”. La productora y el periodista seguirán con su vida, haciendo otros reportajes de similar evidencia científica.

En fin, el programa del lunes, como me esperaba, fue uno más como otros que se emitían, se emiten y, por desgracia, se seguirán emitiendo. No soy nadie para dar consejo pero cuando hablen de dietas en televisión, cambien de canal.

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2 thoughts on “Cuando hablen de dietas en televisión, cambien de canal

  1. Sí, efectivamente. Yo el otro día puse este programa expresamente porque me enteré que lo emitían y la verdad es que encontré: desinformación, desenfoque, conceptos trasnochados, medias verdades, mentiras y algún concepto atinado. Pero claro, no creo que sea suficiente con algún concepto atinado. Teniendo en cuenta que las dietas eran explicadas por especialistas en Endocrinología y Nutrición (según se indicaba en pie de pantalla) al igual que sus bases, beneficios, perjuicios y objetivos, pues no me deja nada tranquila, la verdad. Saco la conclusión de que “todo vale” con tal de ganar dinero y popularidad. ¡Una pena!

    1. Totalmente de acuerdo, Mª Jesús. Al final lo que se consigue es desconcertar a la población y desacreditar a los profesionales, haciendo que se desconfíe de la información que se transmita y luego no se sepa a quién hay que creer. Muy triste. Más que triste, inaceptable!
      Gracias por tu comentario.

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