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Los caramelos no quitan el dolor

No, señores, por muchas veces que hayamos escuchado esta frase. Ni los caramelos, ni los helados, ni las chuches, ni los pasteles quitan el dolor, ni nos quitan la ansiedad ni nos hacen felices.

Situación del día: al salir de un establecimiento, Nora no ve el cristal de la puerta y se da un golpe (está bien, no ha sido nada aunque la ha dolido un poquito). Los dos empleados salen a ver si está bien y uno de ellos le dice: «Quieres un caramelo? Verás como con el caramelo se te quita el dolor». Mi respuesta: «El dolor no te lo va a quitar, pero si lo quieres, cógelo».

Reflexiones del día:
1. No mintáis a los niños. Si algo no ocurre, no les digáis que sí lo hace (o viceversa) por favor. Son niños, pero no tontos.
2. Está bien preocuparse, y se agradece la verdad (pues ciertamente la humanidad cada vez brilla más por su ausencia) pero esto de ofrecer caramelos a los niños para que se olviden de algo (dolor, enfado, tristeza…) no les ayuda en nada. Es importante aprender a identificar lo que nos pasa y no tratar de enmascararlo, y mucho menos asociarlo a la comida o a productos comestibles. Debemos ayudar a los niños a reconocer sus emociones, a entender que esas emociones forman parte de nuestra vida y tenemos que convivir con ellas.
3. A ver si nos acostumbramos ya a preguntar antes a los padres si se le puede dar algo a un niño. El niño siempre dirá que quiere, pero esto es decisión de los padres; además de que en el caso de que ese algo que se ofrece se pueda ingerir, podría no ser apto para él por tener alguna alergia o patología (diabetes) que le impida tomar lo que se le ofrece. No solemos caer en esto, pero es importante, no sólo por la salud física del niño sino también por la emocional. Si se le ofrece algo a un niño que no puede tomar (alergia), ¿cómo crees que se siente cuando le decimos que NO? O si se ofrece entre varios niños, ¿crees que es mejor negárselo al tuyo porque no es saludable y se sienta aislado o diferente? Es complicado, lo mires por donde lo mires, por eso lo mejor es no ofrecerlo al niño.
4. Ojalá salga pronto el «decreto ley» que regule tener y ofrecer dulces o caramelos en los establecimientos, como se ha prohibido fumar. Al principio nos chocará, pero como a todo (como a las mascarillas, aunque a esto nos está costando), nos acostumbraremos! Este tipo de productos generan un mayor gasto sanitario, un mayor riesgo de patologías y una mayor comorbilidad de otras patologías ya existentes. Por tanto, sí es una cuestión de responsabilidad social.

Está claro que podría haber un efecto placebo en ello, pero también que a ese efecto placebo hay que añadirle un efecto asociativo emociones-caramelo (en este caso), sobre todo, si ese placebo siempre es un dulce (caramelo, helado, chuchería, bollería, etc). Por ejemplo un efecto placebo muy importante es la lactancia materna, o el típico beso que cura la herida… Quizá sea una cuestión de exprimir un poco más nuestra mente para generar otros efectos placebos y no recurrir al fácil caramelo, que tan (mal) inculcado tenemos.

Yo le he tenido que explicar a Nora por qué le han mentido, porque claro ella decía que no se pasaba el dolor con el caramelo. Y esto lo que puede causar son dos cosas: o que el niños quiera seguir comiendo para que no le duela más, o si se le pasa, que piense en caramelos cada vez que sienta dolor. No sé qué es mejor… bueno, sí. No mentirles.

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