obesidad obesogénico exceso de peso

Carta obesa a Mercedes Milá

Podría decirle todo lo que mis compañeros (pongo como ejemplo a Juan Revenga) ya han hecho en relación a su intervención en el programa Chester in Love de Cuatro, hablando de su falta de educación, cuanto menos, además de no haber sabido defender su postura a favor de la enzima prodigiosa más que utilizando el ataque personal y directo, quizá en un intento (logrado) de desviar la atención del quiz de la cuestión.

Pero esa no es mi intención. Yo sólo voy a enumerarle los factores que influyen en el peso, con el objetivo de que la próxima vez que piense en llamar gordo/a a alguien, fuera o dentro de las cámaras, se lo piense dos veces. Porque igual esto del peso no es tan fácil como comer menos y moverse más… porque si lo fuera, ¿no cree que la gente que tiene verdaderos problemas de salud lograría bajar de peso fácilmente dejando de comer y haciendo ejercicio? Pues no, no es tan simple. De hecho, es mucho más complejo de lo que parece. Y desgraciadamente el ambiente obesogénico en que vivimos no nos lo pone fácil (la televisión es uno de ellos, con tanta publicidad emocional y mensajes contradictorios).

Bien, pues entre los factores que afectan al peso, además de la forma de comer (que por supuesto, no es sólo comer más o menos, sino el tipo de productos que se ingieren y la forma de hacerlo –ya tenemos 3 variables en una-) y de moverse (que tampoco es sólo irse a caminar viendo escaparates, sino qué tipo de ejercicio se hace, de qué forma y con qué frecuencia), encontramos:

Genética. Existe una predisposición genética a la obesidad. La presencia de determinados genes como FTO, LEPR, POMC, MC4R, CART, AGRP, PPAR (y muchos más). No obstante es importante apuntar que el hecho de tener estos genes no siempre significa desarrollar la enfermedad ya que el ambiente puede evitar que dichos genes se expresen. Aquí habría que incluir la nutrigenética y la nutrigenómica, que estudian la relación entre la genética y los nutrientes presentes en los alimentos.

Edad. A medida que vamos cumpliendo años, la facilidad de acumular grasa es mayor. Por otro lado, haber tenido exceso de peso en la infancia aumenta el riesgo de obesidad en la edad adulta. Además, el envejecimiento induce un aumento del estrés oxidativo, asociado a la obesidad.

Descanso. La falta de sueño o el mal descanso están asociados a un mayor riesgo de sobrepeso y obesidad. Se ha visto que los niños que duermen más horas en los primeros 11 años de vida tienen menor riesgo de ser obesos en la adultez, independientemente del sexo, las horas de televisión, la actividad física y la situación socioeconómica familiar.

Estrés. Las situaciones de estrés inducen la liberación de ciertas hormonas que pueden inducir una modificación del comportamiento alimentario, afectando a la elección de los alimentos (más palatables, que son los que más placer nos producen y suelen ser los ricos en grasas y azúcares) y al tamaño de las raciones.

Cultura. Aspectos como el contexto escolar, las fiestas tradicionales, la influencia de los medios (publicidad, conceptos de la imagen corporal, mensajes sobre el peso), la vida social y sus interacciones, los alimentos disponibles en las diferentes áreas geográficas, o la costumbre de celebrarlo todo en torno a una mesa con comida, influyen en las elecciones alimentarias y por tanto en el peso. Muchos de estos factores se asocian a grandes porciones de alimentos. Por otro lado, se ha visto que la hora de comer (gen Clock) puede influir en el aumento de peso o en una mayor dificultad para perderlo.

Fármacos. Algunos medicamentos pueden favorecer el aumento de peso a través de diversos mecanismos: aumento del apetito, disminución de la tasa metabólica, bloqueo de la sensación de saciedad, aumento del tiempo de sueño, etc. Entre algunos de estos medicamentos se encuentran: antipsicóticos, antidepresivos, antihistamínicos, corticosteroides.

Metabolismo. El síndrome metabólico (caracterizado por un incremento de las LDL, un índice HOMA –resistencia a la insulina- elevado, presión arterial alta, hiperglucemia, exceso de triglicéridos, HDL baja) es un factor de riesgo de obesidad. Por otro lado, tener un metabolismo u otro (coas que depende mucho de la genética) puede hacer que se sea más o menos propenso a acumular grasa.

Hormonas. Las principales hormonas relacionadas con la obesidad son la leptina, la grelina y la insulina, de forma más directa. Existen muchas más. Pero existen muchas otras que, indirectamente se liberan cuando se activan los sistemas de recompensa (serotonina, dopamina, noradrenalina), esos por los cuales vamos a la cocina en busca de comida para sentirnos mejor (y no por hambre).

Masa muscular y adiposa. La cantidad de masa muscular y masa grasa corporal va a determinar que la tasa metabólica (es decir, la energía que el organismo consume en reposo), sea mayor o menor. El músculo favorece la eficiencia energética mientras que la grasa disminuye el metabolismo basal. Por otro lado, la cantidad de células que acumulan grasa (adipocitos) puede predisponer al sobrepeso. De hecho, al aumentar de peso se incrementa el tamaño y el número de adipocitos. Una persona que ha tenido sobrepeso u obesidad tiene más facilidad de aumentar de peso debido a que la cantidad de acumuladores de grasa que posee es mayor.

Disbiosis. La flora intestinal tiene una relación directa con la obesidad. Se ha observado que las personas obesas tienen un ambiente microbiano intestinal diferente, afectando a su diversidad. Esto se relaciona con mayor riesgo de obesidad, de resistencia a la insulina y la acumulación de grasa.

Psicología/Emociones. Muchos factores psicológicos influyen en la forma de comer. Cada vez es más frecuente recurrir a la comida como herramienta para gestionar una emoción (tristeza, enfado, ansiedad, aburrimiento, felicidad, etc). Es a lo que se llama comer emocional, mucho más común de lo que se cree. Si no se es capaz de gestionar estas emociones de forma adecuada y no recurriendo a la comida, se puede desencadenar en un trastorno de la conducta alimentaria y/o en obesidad.

Patologías. Enfermedades como hipotiroidismo, enfermedad de Cushing, síndrome de ovario poliquístico, síndrome de Pradder-Willi, síndrome de Bardet-Biedl, se asocian a un mayor peso y a obesidad.

Complexión individual. Existe susceptibilidad individual a padecer obesidad que depende, por un lado de la genética y por otro lado del sexo y la raza.

Es importante tener en cuenta, además, que todos estos factores están interrelacionados entre sí, y que aún queda mucho por descubrir al respecto. Por tanto, NO, no es tan sencillo como sumar y restar calorías.

obesidad obesogénico exceso de peso

Las personas con problemas de peso suelen ver afectada su autoestima, la imagen de su cuerpo, incluso la vida social, por lo que este tipo de comentarios, totalmente fuera de lugar, pueden llegar a agravar el problema más de lo que a usted le parece una simple frase (obviando, claro, que no es profesional sanitaria). Creo que además me comprenderá mucho más trabajando en un medio donde la imagen es importante, cánones que precisamente usted no cumple y no por ello es menos válida como periodista (no sé si lo será por otros motivos). Lo del amimefuncionismo no es un buen criterio periodístico.

Después de esto espero que pueda comprender mejor que una persona con exceso de peso no tiene menos rigor científico aunque hable de alimentación, al igual que un oncólogo con cáncer no ofrece un peor tratamiento por estar enfermo. Son cosas independientes.

Atentamente, de alguien que trabaja cada día para que este problema no se resuma  sólo una cuestión de sumar y restar calorías.

Alimenta tu felicidad.

Vigorexia: moda

Vigorexia: moda

Hoy nos trae un post nuestro entrenador Manu Soto y nuestra psicóloga Cristina Andrades.

Antes de abordar este tema a fondo, es necesario realizar una breve descripción de lo que hoy en día conocemos por Vigorexia.

Evidentemente se trata de una adicción al ejercicio, un Trastorno Obsesivo Compulsivo que nos lleva a querer ejercitar nuestro cuerpo en cada momento. Por lo que hablamos de un tipo de trastorno de la conducta alimentaria (TCA).

Pero, ¿qué perfil tiene una persona que padece vigorexia?

Normalmente son personas que hacen mucho ejercicio físico, aunque el objetivo de estas personas no es hacer deporte para estar más sano, sino que lo transforman en una obsesión por construir más músculo. Suelen dedicar mucho tiempo al ejercicio por lo que se aíslan de la sociedad, del trabajo, incluso de la familia. Sólo tienen un pensamiento: ENTRENAR.

Según un estudio de Baile (2005) y Pope (2002) estas personas presentan una alteración de su imagen corporal en la que se ven muy delgados y débiles. Esto les lleva a mantener dietas estrictas y a utilizar fármacos perjudiciales para la salud.

En dichos estudios, se utilizó un cuestionario llamado “Complejo de Adonis” que consta de 13 ítems con 3 opciones de respuesta y en el que se valora el grado de preocupación que un sujeto siente por su apariencia física y hasta qué punto puede influir negativamente en los demás aspectos de su vida. Dependiendo de la puntuación que se obtiene, los datos dan una información directa de la imagen corporal que el sujeto tiene de sí mismo y en qué medida le afecta. Los resultados indicaron que una persona que presente altos niveles de vigorexia, suele tener bajos niveles de Extraversión, Apertura o Amabilidad, pudiendo deberse a la diferencia que existe entre cómo le gustaría verse y cómo se ve, de la misma manera que esa persona también pueda manifestar altos niveles de Neuroticismo, dimensiones que impiden tener un correcto desarrollo social.

Una solución que propone este artículo para erradicar la vigorexia es dar información sobre el modelo estético actual.

Pensamos que no sólo es necesario informar sobre el modelo estético actual sino que también es fundamental trabajar lo que aporta el deporte a la persona sobre el estado de salud, independientemente de que esté más o menos fuerte. Y vamos más allá aún: ¿qué lleva a la persona a tener esa preocupación excesiva por su físico a través del deporte? ¿Cuál es su motivación y su causa? ¿Qué emociones le conducen a tener esa obsesión? ¿De qué forma podemos ayudarla a establecer un punto de equilibrio entre la imagen corporal y la salud? Como siempre, la educación y entender a la persona es una parte muy importante de este abordaje. Por supuesto, esto requiere de un trabajo interdisciplinar importante.

El deporte es salud y debemos tenerlo presente siempre. Así como nuestras emociones están detrás de nuestras acciones; aprendamos a conocerlas.

Manu Soto & Cristina Andrades

¿Qué opinan los psicólogos de la Psiconutrición?

Este es el primero de una serie de posts sobre psiconutrición y la visión que tienen sobre ello diferentes profesionales.

La palabra “Psiconutrición” es muy usada actualmente para nombrar al trabajo conjunto de la disciplina nutricional y la psicología; y como sabéis desde Norte Salud Nutrición seguimos esta línea de trabajo y uniendo fuerzas con otros profesionales ( actividad física, cocinero, médico…).

pSICONUTRICIÓN

Hemos hablado muchas veces en el blog y en las redes sobre Psiconutrición, sin embargo, me preguntaba qué opinan diferentes psicólogos (especialistas y no especialistas en este campo) sobre este concepto.

Para ello, he contado con la colaboración de 3 compañeros psicólogos:

El primero con el que contacte es Alfonso Méndez. (@alfon_mendez)

Para quien no lo conozca (no sabéis lo que os perdéis) Alfonso es director de la unidad de Obesidad y Sobrepeso en el centro CENTTA. Tiene un Máster en Terapia de Conducta y un Máster en Nutrición y Dietética para la promoción de la salud. Sin olvidar lo más importante, es un apasionado de este ámbito de trabajo.

En segundo lugar, y motivada por la lucha a favor de la evidencia científica en Psicología, contacté con Sergio García Morilla, psicólogo y Máster en Psicología Clínica y de la Salud. Forma parte del equipo de Psicosalud en Tenerife.

Por último (y no menos importante) contamos con la opinión de Cecilia Ruano, psicóloga Sanitaria, Máster en psicología clínica Legal y Forense, Máster en Terapia Familiar Sistémica y una amante de la antropología. Cecilia nos ofrecerá la opinión desde un punto de vista externo al trabajo de la psiconutrición. La podéis encontrar  también en su web.

Vamos a hablar hoy de Psiconutrición, pero ¿qué es la Psiconutrición?

Nuestros tres psicólogos coinciden en el hecho de que la Psiconutrición va más allá de la exclusiva terapia nutricional. Alfonso señala que “es un nuevo enfoque que se engloba dentro de un equipo interdisciplinar, ambas disciplinas trabajando conjuntamente, y que consigue mejores resultados que ambas por separado.” Por otro lado Sergio matiza las labores del psicólogo en este equipo señalando que “es la disciplina científica encargada de ayudar a la persona a identificar, analizar y gestionar adecuadamente todos sus procesos psicológicos, emocionales y conductuales que estén relacionados con la implementación o mantenimiento de unos hábitos alimentarios saludables.”

Imagen PsiconutriciónEs importante señalar, que la Psiconutrición implica también un aprendizaje del trabajo conjunto entre los profesionales de la nutrición y la psicología. Como bien ha señalado Alfonso, se trata de un trabajo “interdisciplinar”, donde es necesaria una comunicación constante y un trabajo conjunto hacia una misma dirección, sabiendo detectar señales de alarma, realizando reuniones periódicas y profundizando en todo aquello que rodea y afecta a la problemática de la persona.

Hablamos de psicología, emociones y comida, pero ¿cómo influyen las emociones en nuestra forma de alimentarnos?

 Alfonso se remonta al nacimiento y nos cuenta que “la relación entre las emociones y la alimentación se establece en el momento que venimos al mundo. A partir de ahí, y a lo largo de nuestras vidas vamos formándonos una relación que puede llegar a estar mal establecida. Aprendemos a callar expresiones emocionales negativas con una conducta gratificante como el comer ciertos tipos de alimentos, después con cada intento, potenciamos esa relación y la perpetuamos.”

Desde que nacemos (tal como señala Alfonso) y a lo largo de toda nuestra vida las emociones juegan un papel muy importante en la formación de asociaciones con la comida. Además, como ya hemos comentado en otras ocasiones, el ambiente que nos rodea fomenta este tipo de asociaciones a través del cine y /o la publicidad, donde se señala en muchas ocasiones que comer ciertos productos hará que se reduzcan las emociones negativas o bien que estos productos sirven para celebrar y festejar las emociones positivas. Puedes leer más información sobre publicidad emocional en este artículo.

Por otro lado, comer de forma compulsiva también se relaciona principalmente con síntomas de ansiedad y depresión. Sergio señala que “Debemos identificar qué emociones  experimenta la persona cuando se alimenta. Antes de comer (p.ej ¿come por hambre, aburrimiento, ansiedad o malestar?), durante la comida (p.ej. ¿disfruta del momento o lo hace de forma impulsiva?) y después de las comidas (p.ej. ¿se siente satisfecha y tranquila o culpable y nerviosa?). Si estas emociones suponen un problema para su bienestar o un hándicap para alcanzar nuestros objetivos, el trabajo en emociones puede ser clave para el éxito terapéutico.”

Por tanto, para realizar esta labor es necesaria la figura del Psicólogo dentro de la Psiconutrición,  pero ¿qué funciones desempeñamos los psicólogos en este campo?

Cecilia señala que “El papel de psicólogo en este ámbito es fundamental, para poner énfasis en lo que consiste realmente una vida saludable (no en estar delgado por ejemplo, sino en estar sano) ayudando a combatir las ideas irracionales, mejorando vínculos, etc.)”. Sergio matiza lo anterior dando especial importancia al “análisis en profundidad de cómo la persona se relaciona con la alimentación (pensamientos, emociones y conductas) y ayudándole a detectar y gestionar problemas en estas áreas que le impiden tener una alimentación saludable.”

Como vemos, el papel del psicólogo en el abordaje de paciente a través de la Psiconutrición (no sólo en casos de pérdida de peso como suele pensarse, sino en muchas otras situaciones) es primordial en muchos de los casos. Desgraciadamente y como comenta Alfonso: “a muchos les cueste aún ver esta relación tan clara” a pesar de que “se trata al fin y al cabo de modificar una conducta, en este caso la forma de relacionarse con la comida, y en eso los psicólogos tienen mucho que aportar.”

Ya sabemos lo que es la Psiconutrición y los motivos por los cuales la figura del psicólogo cobra gran importancia, pero ¿qué hacemos o cómo trabajamos los psicólogos en Psiconutrición?

Cecilia destaca la terapia sistémica de familia como parte importante a tener en cuenta: “me parece fundamental la terapia sistémica de familia, al menos tener sesiones conjuntas en el proceso en la medida de lo posible, pues pacientes con trastornos de alimentación necesitan comprensión desde su entorno y apoyo y  gran parte de las veces son consecuencias de disfunciones en el sistema familiar”.

Sergio por su parte se centra más en “varios pilares importantes, entre ellos la reorientación de los procesos motivacionales de la persona hacia una visión menos cortoplacista, ya que sabemos que en la obesidad, por ejemplo, los resultados tardan en llegar. Una buena forma de hacerlo es mediante el trabajo centrado en valores.”

Como me habréis escuchado decir muchas veces, el enfoque cognitivo-conductual es el que presenta mayor respaldo y evidencia científica sobre su efecto en el tratamiento de la obesidad. A este respecto, Alfonso señala que “a partir de un prisma cognitivo-conductual y atendiendo a los aspectos emocionales, destacaría varias: Comenzando con la auto-observación, el control estimular, la resolución de problemas, continuando con la imagen corporal, el cambio cognitivo, y finalizar con la prevención de recaídas. “

Como vemos, son diversas las situaciones que pueden llevar a una persona a necesitar un enfoque interdisciplinar en el tratamiento para el cambio de hábitos. Una de las situaciones que nos podemos encontrar es el llamado comer emocional.

¿Cuál es el perfil o las características que se consideran más habituales en personas que presentan comer emocional?

Cecilia nos destaca que se trata de “individuos muy exigentes que expresan poco sus emociones, intentan ser aparentemente fuertes, guardan mucho dolor en su interior ya sea por dificultades de distinta índole, que intentan llevar por sí solos y cuando se ven sobrecargados comen emocionalmente para paliar la ansiedad que este tipo de cuestiones le provocan”. Pero, ¿es igual comer emocional que comer con ansiedad? La respuesta es No. Tal y como señalan Alfonso y Sergio, las emociones negativas suelen generar comer emocional; Sergio concretamente nos comenta: “Cuando una persona sufre malestar (tristeza, sensación de vacío, aburrimiento, ansiedad o angustia) puede encontrar alivio a través del acto de comer y de esta forma la comida se convierte en una conducta que la persona hace cada vez que se vuelve a encontrar mal (reforzamiento negativo). Esto ocurre porque, generalmente, estas personas no cuentan con estrategias o herramientas de gestión emocional adecuadas. Suelen presentar un perfil evitativo en relación a estas emociones negativas y no saben o no son capaces de llevar a cabo conductas alternativas a la ingesta más adecuadas para el alivio de ese malestar”.

Por otro lado, las emociones positivas también se asociación a situaciones de comer emocional (Macht, Haupt, y Salewsky, 2004).

Después de todo lo anterior, ¿Cómo podemos potenciar el reconocimiento del papel del psicólogo en el tratamiento de la obesidad?

Sergio y Alfonso coinciden en la necesidad de la divulgación. Alfonso concreta: “con divulgación, buscando aliados en los propios dietistas-nutricionistas y hacerles ver la importancia de nuestro campo en la modificación de la conducta, en este caso, conducta alimentaria. Mostrando y enseñando ejemplos de casos de éxito, fomentando encuentros donde se acerque la psicología a todos y que ayuden a romper el tabú que para muchos supone el acercamiento a esta disciplina.” Alfonso ya empezó con este camino, junto a Mª José Tenedor, buscando el acercamiento entre profesionales y siendo uno de los pioneros en la creación de la llamada “TeamPropuesta”, que ya se ha celebrado en 3 ocasiones.

Cecilia nos recuerda la falta de formación especializada que tenemos los psicólogos en esta temática señalando que “es necesario crear formación especializada y reglada en el terreno” y además “elaborar programas de difusión para su prevención y para la adopción de hábitos saludables no sólo desde el punto de vista de la nutrición, sino desde el punto de vista de la salud mental. “

Sobre todo, es muy importante normalizar la figura del profesional de la psicología y eliminar las barreras que aún existen con esta profesión en los temas alimentarios. Para ello es necesario que se divulgue pero no sólo para llegar a los profesionales con los que tenemos que formar equipo, sino para acercarnos a la población general y que conozcan que eso que llevan haciendo toda la vida y con lo que no han obtenido resultados, quizás se deba a que nadie les ha ayudado a enfocar de forma adecuada el problema.

Y de eso se trata este post, de que se conozca de lo que estamos hablando, de que sepamos qué hacemos y por qué lo hacemos.

Cristina Andrades

Quiero agradecer la participación a los tres compañeros que han dedicado su tiempo a este post, así como su generosidad por ofrecernos su opinión al respecto.

Publicidad emocional

Como si fuéramos un trapo. La publicidad utiliza a las mujeres a su conveniencia. Ya lo comentábamos hace unos días en este post de Facebook. Pero es que, además, nos envía mensajes contradictorios. En un anuncio te dice que debes cuidar tu línea y en el siguiente que te liberes y que unos kilitos de más tampoco importan. ¿En qué quedamos? Y esto tiene sus consecuencias. A ellos no les importas por muy bonito que te lo pinten y tú lo puedes pagar caro. Durante los minutos de publicidad en televisión te puede pasar lo siguiente:

Portada Publicidad Emocional

Anuncio 1: Donuts y Mr Wonderful: “Hoy es un buen día para sonreír”. Mensaje oculto: Pasa de todo, te lo mereces.

Anuncio 2: Judith Mascó y Hornimans: “Libera toxinas: plan DETOX”.

Mensaje oculto: No pases de todo, debes cuidarte y estar perfecta.

Anuncio 3: Magnun doble: “Libera la bestia que llevas dentro”.

Mensaje oculto: Pasa de todo, deja que tus emociones fluyan.

Anuncio 4: Tortitas Bicentury: “Cuídate y dale sabor a tu cuerpo”.

Mensaje oculto: No pases de todo, adelgaza para sentirte bien.

Anuncio 5: Chocolates Valor: “Placer adulto”.

Mensaje oculto: Pasa de todo, eres adulta y no debes privarte del placer de comer.

Anuncio 6: Campofrío y las mujeres. Este es especial, porque en el mismo anuncio hay contradicción. Pasa de todo y defiende los derechos de la mujer y la conciliación familiar. No pases de todo y recuerda que debes mantener un cuerpo perfecto, comiendo pavofrío y sin estrés (en un bar que se llama Deliciosa Calma).

Y como este ejemplo, tu día está lleno de mensajes contradictorios que provocan que, más allá de establecer una fuerte asociación entre ciertos alimentos y la belleza o la felicidad, muchas veces llegan a conseguir que no sepas lo que quieres. ¿Alguna vez te has preguntado qué ejemplo le estamos dando a nuestros hijos? Ellos también perciben estas diferencias sociales, los roles autoimpuestos y las asociaciones emocionales con ciertos alimentos (para las mujeres todo rosa y dulce –asociado a salud, bienestar y belleza–, para los hombres, coches, deportes y cerveza –asociado a ego, libertad y poder–).

Diapositiva 1

Todos sabemos que en publicidad se ponen en juego las emociones, sentimientos y creencias de los consumidores. Es una estrategia de mercado, pero ¿qué ocurre cuando a raíz de este juego estamos provocando falsos mitos, ideas erróneas, problemas alimentarios, distorsiones corporales…?

Este tipo de publicidad nos invade… Da igual que no pongas la televisión, nos bombardean por la radio, el periódico, los anuncios en carreteras con vallas publicitarias, en la parada de autobús, los propios autobuses, el cine y así hasta nombrar casi todo el contexto que nos rodea en el día a día.

Este otro post que escribimos hace poco, abrió camino para organizar un taller especial en las sesiones grupales que realizamos periódicamente. Animamos a todos los participantes de estas sesiones a observar y anotar a lo largo de una semana toda la “publicidad emocional” referida a hábitos alimentarios que vieran. Los resultados fueron alarmantes.

Dicen que si no puedes con el enemigo, únete a él; por ese motivo nos unimos al enemigo fomentando la búsqueda de esta publicidad, animando a ver anuncios esa semana… pero con el objetivo de lograr el efecto contrario: realizar un análisis crítico de la publicidad, de la educación, para romper tópicos irreales y tomar consciencia sobre lo que vemos.

Empezamos la sesión con una canción: “Yo soy aquel negrito….” Seguro que has continuado cantándola, todos la sabemos, todos la cantábamos y nuestras abuelas y madres creían que como decía la canción:

“Las múltiples cualidades de este producto ejemplar. Es el Cola Cao desayuno y merienda, es el Cola Cao desayuno y merienda ideal, Cola Cao. Lo toma el futbolista para marcar goles, también lo toman los buenos nadadores, si lo toma el ciclista se hace el amo de la pista y si es el boxeador golpea que es un primor.”

El efecto mágico de la canción también lo vemos actualmente en las nuevas galletas Oreo.

Las mujeres, desgraciadamente, somos un blanco muy llamativo. La gran mayoría de publicidad nos la dedican a nosotras, nos muestran mujeres con diferentes roles “exitosos” y que tienen su vida más fácil, cómoda, feliz y saludable con productos específicos.

Aquí os dejamos una imagen con las frases promocionales que se han recogido durante una semana a través de anuncios de televisión. Comienza el bombardeo:

Imagen 2

Pero no sólo nos llegan por televisión; también lo vamos a seguir viendo en vallas publicitarias, productos, en el cine, en las series, etc. ¿Cuántas veces has visto comer helados cuando ocurre alguna “tragedia” amorosa en las películas?

Este constante bombardeo nos ayuda  a la creación de asociaciones inadecuadas entre la comida y las emociones, a la vez que nos venden (por lo general) imágenes corporales irreales, logros deportivos de élite, y diferentes metas inalcanzables para una gran proporción de la población. ¿Qué se puede cocer debajo de todo esto? Pues probablemente problemas de autoestima, inseguridades, insatisfacciones, frustraciones, problemas alimentarios (por infrapeso o sobrepeso), lesiones deportivas, búsqueda de metas (inalcanzables o irreales) a corto plazo… y así podríamos continuar hasta un lista interminable de desajustes emocionales y consecuencias físicas.

Por este motivo, os animamos y motivamos a OBSERVAR y ANALIZAR.

Observa lo que te rodea.

Observa lo que te venden y analízalo con la realidad.

Observa las competencias entre marcas.

Observa y busca opiniones de profesionales.

Y lo más importante,

Obsérvate a ti mismo/a.

¿De verdad necesitas lo que quieren hacerte creer que es imprescindible para una vida ideal e irreal?

 

Cristina Andrades & Griselda Herrero

Alimenta tu felicidad

 

Queremos agradecer y dedicar este post a los componentes del grupo, cuyo trabajo realizado tanto en la búsqueda de mensajes emocionales como en el posterior análisis y trabajo crítico realizado en el taller. Nuestra enhorabuena a todas/os.

Palabras que dañan el alma

Hay palabras que adquieren un increíble poder cuando son pronunciadas. Herir, dañar, activar una cadena de pensamientos negativos, retroceder todo lo avanzado, inseguridad…, son solo algunos de los efectos que estas palabras pueden tener en personas que sufren un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) o que aún no lo presentan pero padecen factores de riesgo predisponentes.

No es necesario que estas palabras sean pronunciadas en un contexto negativo ni con una intención concreta, es más, en numerosas ocasiones se emiten como un intento de apoyar y animar a la persona que sufre un TCA. Pongamos diferentes ejemplos; pero para ello debemos diferenciar entre los distintos momentos en que tiene lugar la aparición de un TCA.

Cuando se comienza a perder peso, aunque aún no es evidente una pérdida desmesurada, las pacientes (y digo “las” porque en su inmensa mayoría son de sexo femenino) suelen recibir comentarios “positivos” que en ellas actúan como reforzantes para continuar profundizando más en sus conductas patológicas. Por ejemplo:
– ¡Qué guapa estás!, ¿estás perdiendo peso?
– Qué fuerza de voluntad tienes ¡es admirable!
– ¡Ya me gustaría a mí tener el tipo que estás cogiendo tú!

Una vez que la pérdida de peso continua más allá de lo que “aparentemente es saludable” los comentarios se tornan negativos:
– ¡Deja de perder peso ya, te estas quedando en los huesos!
– Antes estabas más guapa, con unos kilitos de más.
– Parece que estás enferma.
– Anda come algo que falta te hace.

psico 1

En este punto del proceso, el efecto negativo de estos comentarios tiene dos consecuencias principales:
1. Por un lado, incrementa la restricción y/o compensación que se esté realizando. Principalmente, esto ocurre porque consideran que se les dicen esos comentarios únicamente porque se busca su curación de la enfermedad y a su vez que “engorde”.
2. En segundo lugar, se rechaza socialmente a las personas que suelen realizar este tipo de comentarios; por lo cual, se aíslan más en ellas/os mismos y se tiene una menor percepción de apoyos externos.

Continuemos avanzando en el progreso de la enfermedad y pasamos a continuación a la fase en la cual la persona está comenzando a mejorar y a ganar peso:
– Ahora sí que estas guapo/a.
– Así, un poco más gordita estás mejor, no tan delgada…
– Con una tallita más se te ve mucho mejor.

Volvemos a lo anterior, en este momento estos comentarios tambalean el equilibrio emocional que el paciente está buscando y que aún no ha conseguido alcanzar. Se encuentra en un periodo de recuperación donde es fácil que se active la cadena de pensamientos negativos con cualquier estimulo relacionado.

Es labor de la figura del psicólogo, preparar al paciente para afrontar este tipo de comentarios. Forma parte del tratamiento el reforzamiento en habilidades sociales, estrategias de afrontamiento, etc.
Sin embargo, el bombardeo a las características físicas es algo muy común en nuestra sociedad y si sumamos los comentarios de familiares y amigos, resulta increíble el esfuerzo que la persona debe realizar para que no le influyan. Así, utilizar palabras como “gordo” o “peso/talla” fomenta la asociación negativa entre el peso y la imagen corporal de uno mismo, que es precisamente una de las cosas que se trata de romper. Sin querer, se les incita a pensar que está más guapa/o cuando estaba más gordita/o, justo lo que intenta evitar. Es por ello que este tipo de comentarios, lejos de ayudar a la persona que está pasando por un TCA, puede dar lugar a un empeoramiento en su evolución y tratamiento.

Por este motivo, tengamos especial cuidado con las palabras… y no solo frente a pacientes que tienen TCA o que presentan riesgos de padecerlo; sino en nuestra sociedad. Las palabras peyorativas o el supuesto refuerzo en referencia al físico de las personas están a la orden del día. Hace poco hablábamos de las denuncias a las páginas pro “Anas” y pro “Mías” pero no es necesario hacer referencia a esas páginas como factores que fomenten los TCA; sino que encontramos camuflados en nuestra sociedad, y cada vez más, posturas que lo fomentan: ¿Qué ocurre con los comentarios realizados a diversas figuras televisivas sobre su supuesta “gordura”?, ¿Por qué continúan en las pasarelas grandes restricciones en referencia al físico obligado a las modelos?, y, como como hablaba hace poco el Huffington Post: ¿qué está pasando con la pornograficación del fitness?. Nos queda mucho por luchar, y nuestras miras tienen que empezar en nosotros mismos y extenderse hasta toda la sociedad.

Hasta ahora se han realizado numerosos intentos por cambiar a la sociedad en estos aspectos, sin embargo, ¿no sería más fácil intentar cambiar nuestra forma de responder a la sociedad? Realizar programas de prevención primaria a mayor escala en colegios (cada vez son necesarios en edades más tempranas), que permita que se realice una labor psicológica de preparación para saber responder de forma adecuada a la sociedad, donde los niños y niñas se verán inmersos en un futuro; desde los hogares se debe fomentar la comunicación con los hijos, reforzando la autoestima y el autoconcepto en los colegios a través de educación emocional… etc.

no te escucho
Si no podemos cambiar la sociedad tan rápidamente… pues preparemos a los más pequeños para enfrentarse a ella mientras dura el proceso de cambio.

Cristina Andrades
Psicóloga de Norte Salud Nutrición

 

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¿Y si te digo que es mejor “permitirse” que “prohibirse”?

Sí, la cara de espanto después de leer el titulo puedo entenderla; pero déjame que te cuente la razón para hacerte esta recomendación.

Antes de empezar aclararemos algunos conceptos básicos:

Todos podemos prescindir de algunos productos, no alimentos, sino PRODUCTOS que se encuentran en supermercados o tiendas de alimentación, lo que no significa que sean alimentos. Pero no podemos prescindir de ALIMENTARNOS, puesto que es necesario para nuestra salud y supervivencia. Comer, hay que comer.

Prescindir de un ALIMENTO que nos gusta (sin razón justificada), carece de sentido. Es un alimento, no es veneno; y no vas a pasarte la vida prescindiendo de ello ¿verdad?. (No te enojes aún conmigo…déjame que te explique). No debemos prescindir de relacionarnos SOCIALMENTE, puesto que es bueno para nuestra salud psicológica.

Estamos hablando de casos de comer emocional, trastorno por atracón, presencia de atracones (sin cumplir criterios de trastorno por atracón) y sobre todo PREVENCIÓN de todos ellos.

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Comencemos, y para ello nos vamos a centrar de forma exclusiva en las palabras PERMITIR y PROHIBIR.

Prohibir un ALIMENTO (o PRODUCTO) sin justificación (es decir, sin que haya razones evidenciadas fisiológicamente que hacen que por un tiempo determinado los alimentos se restrinjan) cuando no existen razones para ello, más que la rápida pérdida de peso,  provoca un mayor riesgo de que las consecuencias negativas a largo plazo sean mucho peores que los beneficios obtenidos. Prohibir un alimento ocasiona unos cambios determinados a nivel psicológico que desembocan en sentimientos negativos. Veamos un ejemplo:

             Marta tiene prohibido tomar pasta, tartas, postres y pan. Podemos identificar dos vías para esta prohibición:

1)      Prohibición ocasionada por ella misma debido a lecturas de información errónea y dañina, a la sociedad, etc.

2)      Mal enfoque realizado por algún “profesional” o pseudoprofesional.

Sea como sea, Marta tiene PROHIBIDO ingerir dichos productos. Lleva dos semanas con su “dieta” y cada vez tiene más ganas de comerse un plato de pasta o de probar esta tarta casera que en casa han realizado. Sin embargo, hasta ahora se ha resistido porque se considera “fuerte” y tiene muy claros sus “objetivos”.

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Imagínate por un momento qué ocurrirá cuando hayan pasado 3 semanas, y 4, y 2 meses…. La apetencia por esos productos prohibidos aumentará considerablemente con el tiempo, lo cual puede ocasionar ciertos efectos:

  1. Un aumento del deseo e importancia hacia dicho producto que, de forma directa, significará un aumento en la cantidad que se coma el día que se rompa la prohibición.
  2. Un aumento de la ansiedad hacia dichas sustancias, que causará una mayor rapidez a la hora de tomarlo y por tanto menor sensación de saciedad, por lo que al final se tomará más cantidad de alimento.
  3. Crear una asociación directa entre el producto prohibido y la sensación de recompensa y/o liberación (“hoy me lo merezco por haberme restringido todo este tiempo…”), lo que conlleva a una mayor apetencia por ese tipo de productos cada vez que nuestro cerebro necesite ser recompensado emocionalmente por algo.
  4. Tener esos productos como prohibidos hace que se les dé mayor importancia, lo que provoca un aumento de pensamientos relacionados con ellos y por tanto nuestra atención está más orientada hacia esas sustancias de lo que lo estaría si no se hubieran prohibido.
  5. Un posible atracón. Estamos hablando de un producto alimentario prohibido, por lo que la mente interpreta que “si un día lo tomo, es un caso excepcional, algo que no se volverá a repetir en mucho tiempo aunque me apetezca”. Por tanto, y como dice el refrán popular “de perdidos… pues al río”, se tomará una cantidad excesiva y de forma compulsiva, generando sentimientos de fracaso y debilidad a posteriori.
  6. El sentimiento de culpabilidad generado cuando se toma algún producto alimentario prohibido genera un círculo del que es complicado salir, pues a la culpa posterior a comer el alimento prohibido le sigue una nueva prohibición, que probablemente desemboque en un nuevo atracón o ingesta descontrolada, sentimiento de culpa y fracaso,… y así se entra en el círculo.

Ahora le toca el turno a PERMITIR Si Marta decide permitirse esos alimentos, está adquiriendo una responsabilidad con ella misma y por tanto asumiendo un CONTROL INTERNO en sus pautas saludables de alimentación. Es mucho más difícil, a veces, permitirse que prohibirse; puesto que permitir supone tener una serie de compromisos:

  1. Controlar la cantidad de alimentos permitidos, sin que haya un abuso.
  2. Tener clara la diferencia entre hambre real y hambre emocional y no utilizar la comida para calmar un componente psicológico o emocional.
  3. Aprender a sentir e identificar las sensaciones de saciedad.
  4. Conocer y aprender diferentes opciones saludables con las que tomar dichos alimentos.

Además, ser capaz de adquirir estos compromisos genera beneficios a largo plazo:

Control interno en la toma de decisiones.
– Dar la importancia que tiene a cada alimento, sin sobrevalorar ninguno en concreto, y con la perspectiva adecuada. Ningún alimento es imprescindible (excepto la leche materna).
Disminución del deseo y la ansiedad.
Responsabilidad y bienestar interno, evitando los sentimientos de culpa y excusa.
Mayor motivación en la consecución de los objetivos.
– Capacidad de identificar y gestionar situaciones emocionalmente estresantes que pueden afectar los patrones alimentarios.
– Habilidad para crear opciones saludables con diferentes productos o alimentos.

En definitiva, se trata de enseñar y aprender a gestionar nuestras emociones.

Si prohibimos, no educamos; simplemente tapamos el problema sin encontrarle una solución a largo plazo. Es cierto que en muchas ocasiones es necesario realizar modificaciones alimentarias en un primer momento, lo cual no requiere de una prohibición propiamente dicha, sino de un aprendizaje de cuáles son los alimentos que deben formar parte de nuestra dieta habitual y qué productos no son saludables ni necesarios, así como los efectos de cada uno sobre nuestro organismo (tanto física como psicológicamente). Lo más importante es ofrecer herramientas a la persona para que sea quien tenga el control sobre su alimentación, sus emociones y su salud.

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Y recuerda, TÚ eres tu mejor herramienta.

Cristina Andrades