Vigorexia: moda

Vigorexia: moda

Hoy nos trae un post nuestro entrenador Manu Soto y nuestra psicóloga Cristina Andrades.

Antes de abordar este tema a fondo, es necesario realizar una breve descripción de lo que hoy en día conocemos por Vigorexia.

Evidentemente se trata de una adicción al ejercicio, un Trastorno Obsesivo Compulsivo que nos lleva a querer ejercitar nuestro cuerpo en cada momento. Por lo que hablamos de un tipo de trastorno de la conducta alimentaria (TCA).

Pero, ¿qué perfil tiene una persona que padece vigorexia?

Normalmente son personas que hacen mucho ejercicio físico, aunque el objetivo de estas personas no es hacer deporte para estar más sano, sino que lo transforman en una obsesión por construir más músculo. Suelen dedicar mucho tiempo al ejercicio por lo que se aíslan de la sociedad, del trabajo, incluso de la familia. Sólo tienen un pensamiento: ENTRENAR.

Según un estudio de Baile (2005) y Pope (2002) estas personas presentan una alteración de su imagen corporal en la que se ven muy delgados y débiles. Esto les lleva a mantener dietas estrictas y a utilizar fármacos perjudiciales para la salud.

En dichos estudios, se utilizó un cuestionario llamado “Complejo de Adonis” que consta de 13 ítems con 3 opciones de respuesta y en el que se valora el grado de preocupación que un sujeto siente por su apariencia física y hasta qué punto puede influir negativamente en los demás aspectos de su vida. Dependiendo de la puntuación que se obtiene, los datos dan una información directa de la imagen corporal que el sujeto tiene de sí mismo y en qué medida le afecta. Los resultados indicaron que una persona que presente altos niveles de vigorexia, suele tener bajos niveles de Extraversión, Apertura o Amabilidad, pudiendo deberse a la diferencia que existe entre cómo le gustaría verse y cómo se ve, de la misma manera que esa persona también pueda manifestar altos niveles de Neuroticismo, dimensiones que impiden tener un correcto desarrollo social.

Una solución que propone este artículo para erradicar la vigorexia es dar información sobre el modelo estético actual.

Pensamos que no sólo es necesario informar sobre el modelo estético actual sino que también es fundamental trabajar lo que aporta el deporte a la persona sobre el estado de salud, independientemente de que esté más o menos fuerte. Y vamos más allá aún: ¿qué lleva a la persona a tener esa preocupación excesiva por su físico a través del deporte? ¿Cuál es su motivación y su causa? ¿Qué emociones le conducen a tener esa obsesión? ¿De qué forma podemos ayudarla a establecer un punto de equilibrio entre la imagen corporal y la salud? Como siempre, la educación y entender a la persona es una parte muy importante de este abordaje. Por supuesto, esto requiere de un trabajo interdisciplinar importante.

El deporte es salud y debemos tenerlo presente siempre. Así como nuestras emociones están detrás de nuestras acciones; aprendamos a conocerlas.

Manu Soto & Cristina Andrades

Publicidad emocional

Como si fuéramos un trapo. La publicidad utiliza a las mujeres a su conveniencia. Ya lo comentábamos hace unos días en este post de Facebook. Pero es que, además, nos envía mensajes contradictorios. En un anuncio te dice que debes cuidar tu línea y en el siguiente que te liberes y que unos kilitos de más tampoco importan. ¿En qué quedamos? Y esto tiene sus consecuencias. A ellos no les importas por muy bonito que te lo pinten y tú lo puedes pagar caro. Durante los minutos de publicidad en televisión te puede pasar lo siguiente:

Portada Publicidad Emocional

Anuncio 1: Donuts y Mr Wonderful: “Hoy es un buen día para sonreír”. Mensaje oculto: Pasa de todo, te lo mereces.

Anuncio 2: Judith Mascó y Hornimans: “Libera toxinas: plan DETOX”.

Mensaje oculto: No pases de todo, debes cuidarte y estar perfecta.

Anuncio 3: Magnun doble: “Libera la bestia que llevas dentro”.

Mensaje oculto: Pasa de todo, deja que tus emociones fluyan.

Anuncio 4: Tortitas Bicentury: “Cuídate y dale sabor a tu cuerpo”.

Mensaje oculto: No pases de todo, adelgaza para sentirte bien.

Anuncio 5: Chocolates Valor: “Placer adulto”.

Mensaje oculto: Pasa de todo, eres adulta y no debes privarte del placer de comer.

Anuncio 6: Campofrío y las mujeres. Este es especial, porque en el mismo anuncio hay contradicción. Pasa de todo y defiende los derechos de la mujer y la conciliación familiar. No pases de todo y recuerda que debes mantener un cuerpo perfecto, comiendo pavofrío y sin estrés (en un bar que se llama Deliciosa Calma).

Y como este ejemplo, tu día está lleno de mensajes contradictorios que provocan que, más allá de establecer una fuerte asociación entre ciertos alimentos y la belleza o la felicidad, muchas veces llegan a conseguir que no sepas lo que quieres. ¿Alguna vez te has preguntado qué ejemplo le estamos dando a nuestros hijos? Ellos también perciben estas diferencias sociales, los roles autoimpuestos y las asociaciones emocionales con ciertos alimentos (para las mujeres todo rosa y dulce –asociado a salud, bienestar y belleza–, para los hombres, coches, deportes y cerveza –asociado a ego, libertad y poder–).

Diapositiva 1

Todos sabemos que en publicidad se ponen en juego las emociones, sentimientos y creencias de los consumidores. Es una estrategia de mercado, pero ¿qué ocurre cuando a raíz de este juego estamos provocando falsos mitos, ideas erróneas, problemas alimentarios, distorsiones corporales…?

Este tipo de publicidad nos invade… Da igual que no pongas la televisión, nos bombardean por la radio, el periódico, los anuncios en carreteras con vallas publicitarias, en la parada de autobús, los propios autobuses, el cine y así hasta nombrar casi todo el contexto que nos rodea en el día a día.

Este otro post que escribimos hace poco, abrió camino para organizar un taller especial en las sesiones grupales que realizamos periódicamente. Animamos a todos los participantes de estas sesiones a observar y anotar a lo largo de una semana toda la “publicidad emocional” referida a hábitos alimentarios que vieran. Los resultados fueron alarmantes.

Dicen que si no puedes con el enemigo, únete a él; por ese motivo nos unimos al enemigo fomentando la búsqueda de esta publicidad, animando a ver anuncios esa semana… pero con el objetivo de lograr el efecto contrario: realizar un análisis crítico de la publicidad, de la educación, para romper tópicos irreales y tomar consciencia sobre lo que vemos.

Empezamos la sesión con una canción: “Yo soy aquel negrito….” Seguro que has continuado cantándola, todos la sabemos, todos la cantábamos y nuestras abuelas y madres creían que como decía la canción:

“Las múltiples cualidades de este producto ejemplar. Es el Cola Cao desayuno y merienda, es el Cola Cao desayuno y merienda ideal, Cola Cao. Lo toma el futbolista para marcar goles, también lo toman los buenos nadadores, si lo toma el ciclista se hace el amo de la pista y si es el boxeador golpea que es un primor.”

El efecto mágico de la canción también lo vemos actualmente en las nuevas galletas Oreo.

Las mujeres, desgraciadamente, somos un blanco muy llamativo. La gran mayoría de publicidad nos la dedican a nosotras, nos muestran mujeres con diferentes roles “exitosos” y que tienen su vida más fácil, cómoda, feliz y saludable con productos específicos.

Aquí os dejamos una imagen con las frases promocionales que se han recogido durante una semana a través de anuncios de televisión. Comienza el bombardeo:

Imagen 2

Pero no sólo nos llegan por televisión; también lo vamos a seguir viendo en vallas publicitarias, productos, en el cine, en las series, etc. ¿Cuántas veces has visto comer helados cuando ocurre alguna “tragedia” amorosa en las películas?

Este constante bombardeo nos ayuda  a la creación de asociaciones inadecuadas entre la comida y las emociones, a la vez que nos venden (por lo general) imágenes corporales irreales, logros deportivos de élite, y diferentes metas inalcanzables para una gran proporción de la población. ¿Qué se puede cocer debajo de todo esto? Pues probablemente problemas de autoestima, inseguridades, insatisfacciones, frustraciones, problemas alimentarios (por infrapeso o sobrepeso), lesiones deportivas, búsqueda de metas (inalcanzables o irreales) a corto plazo… y así podríamos continuar hasta un lista interminable de desajustes emocionales y consecuencias físicas.

Por este motivo, os animamos y motivamos a OBSERVAR y ANALIZAR.

Observa lo que te rodea.

Observa lo que te venden y analízalo con la realidad.

Observa las competencias entre marcas.

Observa y busca opiniones de profesionales.

Y lo más importante,

Obsérvate a ti mismo/a.

¿De verdad necesitas lo que quieren hacerte creer que es imprescindible para una vida ideal e irreal?

 

Cristina Andrades & Griselda Herrero

Alimenta tu felicidad

 

Queremos agradecer y dedicar este post a los componentes del grupo, cuyo trabajo realizado tanto en la búsqueda de mensajes emocionales como en el posterior análisis y trabajo crítico realizado en el taller. Nuestra enhorabuena a todas/os.

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¿Y si te digo que es mejor “permitirse” que “prohibirse”?

Sí, la cara de espanto después de leer el titulo puedo entenderla; pero déjame que te cuente la razón para hacerte esta recomendación.

Antes de empezar aclararemos algunos conceptos básicos:

Todos podemos prescindir de algunos productos, no alimentos, sino PRODUCTOS que se encuentran en supermercados o tiendas de alimentación, lo que no significa que sean alimentos. Pero no podemos prescindir de ALIMENTARNOS, puesto que es necesario para nuestra salud y supervivencia. Comer, hay que comer.

Prescindir de un ALIMENTO que nos gusta (sin razón justificada), carece de sentido. Es un alimento, no es veneno; y no vas a pasarte la vida prescindiendo de ello ¿verdad?. (No te enojes aún conmigo…déjame que te explique). No debemos prescindir de relacionarnos SOCIALMENTE, puesto que es bueno para nuestra salud psicológica.

Estamos hablando de casos de comer emocional, trastorno por atracón, presencia de atracones (sin cumplir criterios de trastorno por atracón) y sobre todo PREVENCIÓN de todos ellos.

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Comencemos, y para ello nos vamos a centrar de forma exclusiva en las palabras PERMITIR y PROHIBIR.

Prohibir un ALIMENTO (o PRODUCTO) sin justificación (es decir, sin que haya razones evidenciadas fisiológicamente que hacen que por un tiempo determinado los alimentos se restrinjan) cuando no existen razones para ello, más que la rápida pérdida de peso,  provoca un mayor riesgo de que las consecuencias negativas a largo plazo sean mucho peores que los beneficios obtenidos. Prohibir un alimento ocasiona unos cambios determinados a nivel psicológico que desembocan en sentimientos negativos. Veamos un ejemplo:

             Marta tiene prohibido tomar pasta, tartas, postres y pan. Podemos identificar dos vías para esta prohibición:

1)      Prohibición ocasionada por ella misma debido a lecturas de información errónea y dañina, a la sociedad, etc.

2)      Mal enfoque realizado por algún “profesional” o pseudoprofesional.

Sea como sea, Marta tiene PROHIBIDO ingerir dichos productos. Lleva dos semanas con su “dieta” y cada vez tiene más ganas de comerse un plato de pasta o de probar esta tarta casera que en casa han realizado. Sin embargo, hasta ahora se ha resistido porque se considera “fuerte” y tiene muy claros sus “objetivos”.

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Imagínate por un momento qué ocurrirá cuando hayan pasado 3 semanas, y 4, y 2 meses…. La apetencia por esos productos prohibidos aumentará considerablemente con el tiempo, lo cual puede ocasionar ciertos efectos:

  1. Un aumento del deseo e importancia hacia dicho producto que, de forma directa, significará un aumento en la cantidad que se coma el día que se rompa la prohibición.
  2. Un aumento de la ansiedad hacia dichas sustancias, que causará una mayor rapidez a la hora de tomarlo y por tanto menor sensación de saciedad, por lo que al final se tomará más cantidad de alimento.
  3. Crear una asociación directa entre el producto prohibido y la sensación de recompensa y/o liberación (“hoy me lo merezco por haberme restringido todo este tiempo…”), lo que conlleva a una mayor apetencia por ese tipo de productos cada vez que nuestro cerebro necesite ser recompensado emocionalmente por algo.
  4. Tener esos productos como prohibidos hace que se les dé mayor importancia, lo que provoca un aumento de pensamientos relacionados con ellos y por tanto nuestra atención está más orientada hacia esas sustancias de lo que lo estaría si no se hubieran prohibido.
  5. Un posible atracón. Estamos hablando de un producto alimentario prohibido, por lo que la mente interpreta que “si un día lo tomo, es un caso excepcional, algo que no se volverá a repetir en mucho tiempo aunque me apetezca”. Por tanto, y como dice el refrán popular “de perdidos… pues al río”, se tomará una cantidad excesiva y de forma compulsiva, generando sentimientos de fracaso y debilidad a posteriori.
  6. El sentimiento de culpabilidad generado cuando se toma algún producto alimentario prohibido genera un círculo del que es complicado salir, pues a la culpa posterior a comer el alimento prohibido le sigue una nueva prohibición, que probablemente desemboque en un nuevo atracón o ingesta descontrolada, sentimiento de culpa y fracaso,… y así se entra en el círculo.

Ahora le toca el turno a PERMITIR Si Marta decide permitirse esos alimentos, está adquiriendo una responsabilidad con ella misma y por tanto asumiendo un CONTROL INTERNO en sus pautas saludables de alimentación. Es mucho más difícil, a veces, permitirse que prohibirse; puesto que permitir supone tener una serie de compromisos:

  1. Controlar la cantidad de alimentos permitidos, sin que haya un abuso.
  2. Tener clara la diferencia entre hambre real y hambre emocional y no utilizar la comida para calmar un componente psicológico o emocional.
  3. Aprender a sentir e identificar las sensaciones de saciedad.
  4. Conocer y aprender diferentes opciones saludables con las que tomar dichos alimentos.

Además, ser capaz de adquirir estos compromisos genera beneficios a largo plazo:

Control interno en la toma de decisiones.
– Dar la importancia que tiene a cada alimento, sin sobrevalorar ninguno en concreto, y con la perspectiva adecuada. Ningún alimento es imprescindible (excepto la leche materna).
Disminución del deseo y la ansiedad.
Responsabilidad y bienestar interno, evitando los sentimientos de culpa y excusa.
Mayor motivación en la consecución de los objetivos.
– Capacidad de identificar y gestionar situaciones emocionalmente estresantes que pueden afectar los patrones alimentarios.
– Habilidad para crear opciones saludables con diferentes productos o alimentos.

En definitiva, se trata de enseñar y aprender a gestionar nuestras emociones.

Si prohibimos, no educamos; simplemente tapamos el problema sin encontrarle una solución a largo plazo. Es cierto que en muchas ocasiones es necesario realizar modificaciones alimentarias en un primer momento, lo cual no requiere de una prohibición propiamente dicha, sino de un aprendizaje de cuáles son los alimentos que deben formar parte de nuestra dieta habitual y qué productos no son saludables ni necesarios, así como los efectos de cada uno sobre nuestro organismo (tanto física como psicológicamente). Lo más importante es ofrecer herramientas a la persona para que sea quien tenga el control sobre su alimentación, sus emociones y su salud.

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Y recuerda, TÚ eres tu mejor herramienta.

Cristina Andrades