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PUBLICIDAD EMOCIONAL: EL QUINTO JINETE DEL APOCALIPSIS

De un tiempo a esta parte, se está demonizando el azúcar refinado, como el gran culpable de los problemas dietéticos que tiene la población actual, y hace unas semanas escribíamos un post en el que analizábamos otros ingredientes básicos y comunes en cualquier producto ultra procesado que podemos encontrar en las estanterías del supermercado (aceites poco saludables, harinas refinadas y altas concentraciones de sal).

¿Por qué se utilizan estos 4 ingredientes en cientos de productos?

Básicamente porque son baratos y muy palatables, lo que hace que su consumo sea más que irresistible. Los podríamos catalogar como los 4 jinetes del Apocalipsis (4 jinetes sobre 4 caballos: blanco, rojo, negro y bayo, según la historia) y tal vez estos caballos (ingredientes) sean parte de este apocalipsis alimentario que vivimos, pero me falta un caballo ganador, el quinto caballo, y es el que juega con nuestras emociones y se mete en nuestro cerebro a través de la publicidad.

Me contaba un día un familiar que trabajaba en un supermercado que había un producto en las estanterías que había que retirarlo periódicamente porque no se vendía y que solo le faltó salir un poco por televisión para que dejara las estanterías vacías, pero esta vez por falta de existencias. Sí, la publicidad funciona. Y la publicidad es cara, por lo que para que el producto tenga unos precios competitivos, los ingredientes deben ser más baratos aún. Podríamos aplicar para este momento otra de mis leyes: “La calidad de los ingredientes de un producto es inversamente proporcional a la de veces que veas el anuncio en televisión”.

¿CÓMO ATACA EL QUINTO JINETE DEL APOCALIPSIS?

Analiza nuestras carencias y nos lanza una frase perfecta que va a provocar en nosotros un deseo irrefrenable de probar ese nuevo y “maravilloso” producto. Tenemos problemas en el trabajo, con la familia, con los amigos, la crisis de los 40, con esos kilitos de más que podemos tener y que no nos dejan lucir un cuerpo perfecto, etc, y caemos inocentemente en sus redes. Unas redes tejidas a la perfección: el mensaje, la letra, los colores, la música, el envoltorio, todo perfectamente estudiado. Una vez comprado y probado, los problemas que teníamos los seguimos teniendo, aunque tal vez no recuerdes que habías comprado ese producto  pensando que iba a ayudarte. Hace unas semanas, una compañera dietista-nutricionista, Victoria Fágundez (@vik_fagundez), subía a twitter una imagen publicitaria en el metro de Madrid de una galleta con el siguiente mensaje: “Ser auténtico empieza por tener chocolate de verdad”. Nos hemos permitido la licencia de tunear la imagen un poquito para que veáis cómo cambia el mensaje: lo que tu cerebro interpreta, lo que de verdad estás comiendo y lo que cualquier profesional de la salud piensa de ese producto.

¿A qué se refiere con “chocolate de verdad”? El chocolate es el producto que se obtiene de mezclar azúcar y cacao. Quiero decir que un producto puede tener un elevado porcentaje de azúcar y menos de pasta y manteca de cacao y seguir siendo chocolate igualmente (de verdad, os lo juro). También es cierto que el mensaje acompaña a la galleta, pero quizá no se refiera a ella, quién sabe.

¿QUÉ INTERPRETA NUESTRO CEREBRO?

Tienes problemas en el trabajo, estás en continua crisis y piensas que nadie te entiende. “Seguramente sea porque eres diferente pero nadie lo está viendo”, “eres auténtico porque te da igual comer esto aunque el resto de compañeros/as de oficina no lo acepten”. Además has visto en muchísimas ocasiones a famosos y expertos decir que por un día no pasa nada y que el chocolate es placer, además es chocolate de verdad (no uno cualquiera), del que te mereces.

¿QUÉ DICE LA ETIQUETA?

Nutricionalmente, más o menos lo mismo que cualquier otra galleta rellena de chocolate. ¿Para qué seguir si siempre es lo mismo?.

¿QUÉ DICE EL PROFESIONAL?

Producto innecesario que recomienda no tomar y en tal caso, ser de consumo MUY ocasional. Y que además no te hará ser más auténtico: no engañes a tu cerebro con la publicidad emocional.

La mayoría de los productos innecesarios llevan un mensaje que juega con nuestras emociones. De vez en cuando “deconstruiremos” otros mensajes publicitarios para ver el efecto que provocan.

 

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Yakisoba, Yatekomo, Yakecomes, come bien

A lo largo de este artículo el nombre original del producto del que vamos a hablar hoy adoptará otros nombres para dar un toque de humor. Lo reconocerás fácilmente.

Los que tenemos la suerte de vivir en el primer mundo, tenemos la posibilidad de comer 2, 3, 4, 5 o más veces al día. No voy a entrar ahora en si hay que comer 2, 3 o 5 pero observando los datos actuales de obesidad es obvio que comemos muy mal. Dedicamos parte de nuestro tiempo a decidir entre las calorías de un plátano o una naranja, en compensar al día siguiente porque hoy me he pasado, en mirar las calorías de todo lo que comemos, etc. Y el problema no es ese.

Me viene muy bien introducir otra de mis leyes nutricionales: “La vida es eso que pasa mientras lees etiquetas comparando dos productos”. Nutricionalmente hablando, un yogur sabor fresa y otro desnatado con un 5% de frutas, son prácticamente lo mismo. Es mucho mejor que vayas allá donde no hay etiquetas. Allá donde no puedes comparar si una manzana tiene más azúcar o más vitaminas que un caqui.

El otro día me encontré en el supermercado con los famosos Yakisoba, estos fideos chinos que anuncia Dani Rovira. Tal vez, habréis pensado que no están mal para un día pero, ¿sabéis que ingredientes contiene un envase de éstos?

¿QUÉ LLEVA UN YONOSEKEKOMO?

La etiqueta consta de 3 partes:

  1. Fideos (79%): No son fideos y listo, no. Llevan harina refinada de trigo, aceite de palma, almidón modificado, sal y gasificantes. En la imagen se pueden ver unos valores aproximados.
  2. Salsa de soja (17%): Como cualquier salsa comercial de soja, el contenido en sal suele ser elevado. Ésta en concreto está formada por más de 12 ingredientes (agua, soja, trigo, sal, aceite de palma, potenciadores de sabor, protector de acidez, etc). ¡Vamos, un delicioso manjar!
  3. Guarnición deshidratada (4%): Zanahoria, puerro y col. No se especifica cantidad de cada uno.

ATENCIÓN: Suponiendo que llevase la misma cantidad de cada verdura, contendría 1,3% de cada tipo. Si un envase de HOYKEMEKOMO tiene 93 gramos, la cantidad de cada verdura es de 1,24 gramos: 1,24 gramos de zanahorias, 1,24 gramos de puerros y 1,24 gramos de col por cada envase. Una zanahoria media pesa 150 gramos, un puerro 120 gramos y una col 1000 gramos, por lo que con una zanahoria tenemos para 120 envases, con un puerro para 96 envases y con 1 col tendríamos para 806 envases. En la siguiente imagen puedes ver cuántos envases salen con una zanahoria, un puerro y una décima parte de una col.

¿ES BARATO UN KOMOKARO?

Me encontré el otro día con esta oferta: cada envase a 1€. ¿Es barato? A mí no me lo parece, y más después de ver la lista de ingredientes. Pagar 1 € por menos de 4 gramos de verdura y harina refinada me parece un abuso.

Cantidad de zanahoria que tiene un KOMOHARINA:

¿CUÁNTO CUESTA SI HACES EN CASA UN YOKOCINOSOBA?

Los datos y precios expuestos a continuación se han recogido de la página web de Carrefour.

*La salsa de soja es un producto con un alto contenido en sal y no es recomendable consumirlo. La podemos hacer casera pero hemos utilizado este producto para que sea lo más parecido posible al producto original.

Ahora puedes comprender de forma fácil que cocinar en casa sale más barato.

Modo de elaboración de un YOMEKOMOLOKEGUISO

Cortamos la cebolla, la zanahoria y la col en juliana. En un wok o en una sartén en su defecto, añadimos una cucharada de aceite de oliva y las verduras y hacemos un salteado hasta que adopte un buen color. Mientras, cocemos los fideos siguiendo las indicaciones del fabricante. Escurrimos y añadimos los fideos a la sartén con las verduras. Incorporamos un poco de salsa de soja y lo salteamos todo un par de minutos.

Nota 1: Cortando, lavando todos los ingredientes y fregando posteriormente no creo que tardes más de 15 minutos.

Nota 2: No hemos añadido sal porque la salsa de soja comercial tiene unas cantidades más que considerables.

Si comparas la receta que te propongo habrás podido observar que tu YAKERRICO tiene más de 300 gramos de verduras frente a los 4 escasos 4 gramos que ofrece el comercial. También hemos dejado a un lado las harinas refinadas y estás comiendo fideos integrales. Entre los fideos y las verduras, la cantidad de fibra que has ingerido hace que sea más saciante y mucho más nutritivo. Te aseguro que tendrás hambre de nuevo al cabo de poco rato si consumes el comercial. En cuanto al sabor natural que te van a ofrecer las verduras del casero… no creo que haya comparación frente al comercial.

Claro, te preguntarás que con el producto YAKEPORUNDIANOPASANADA has tardado 1 minuto y con la opción saludable has tardado 15. Me viene al pelo esta ley urbana “La vida es eso que pasa mientras ves Netflix o Facebook” por lo que te animo a que vivas más. Y si de verdad no tienes tiempo, 1 plátano, 1 aguacate, 1 zanahoria o unos cacahuetes te van a aportas más nutrientes que un Yatekomo. Además, todos tienen un precio inferior a 1€.

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PD: Los valores de las infografías son aproximados. Como no se especifica la cantidad de verdura deshidratada que contiene cada envase, hemos dividido el total (4%) entre los tres tipos de verduras a partes iguales.
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Carta obesa a Mercedes Milá

obesidad obesogénico exceso de peso

Podría decirle todo lo que mis compañeros (pongo como ejemplo a Juan Revenga) ya han hecho en relación a su intervención en el programa Chester in Love de Cuatro, hablando de su falta de educación, cuanto menos, además de no haber sabido defender su postura a favor de la enzima prodigiosa más que utilizando el ataque personal y directo, quizá en un intento (logrado) de desviar la atención del quiz de la cuestión.

Pero esa no es mi intención. Yo sólo voy a enumerarle los factores que influyen en el peso, con el objetivo de que la próxima vez que piense en llamar gordo/a a alguien, fuera o dentro de las cámaras, se lo piense dos veces. Porque igual esto del peso no es tan fácil como comer menos y moverse más… porque si lo fuera, ¿no cree que la gente que tiene verdaderos problemas de salud lograría bajar de peso fácilmente dejando de comer y haciendo ejercicio? Pues no, no es tan simple. De hecho, es mucho más complejo de lo que parece. Y desgraciadamente el ambiente obesogénico en que vivimos no nos lo pone fácil (la televisión es uno de ellos, con tanta publicidad emocional y mensajes contradictorios).

Bien, pues entre los factores que afectan al peso, además de la forma de comer (que por supuesto, no es sólo comer más o menos, sino el tipo de productos que se ingieren y la forma de hacerlo –ya tenemos 3 variables en una-) y de moverse (que tampoco es sólo irse a caminar viendo escaparates, sino qué tipo de ejercicio se hace, de qué forma y con qué frecuencia), encontramos:

Genética. Existe una predisposición genética a la obesidad. La presencia de determinados genes como FTO, LEPR, POMC, MC4R, CART, AGRP, PPAR (y muchos más). No obstante es importante apuntar que el hecho de tener estos genes no siempre significa desarrollar la enfermedad ya que el ambiente puede evitar que dichos genes se expresen. Aquí habría que incluir la nutrigenética y la nutrigenómica, que estudian la relación entre la genética y los nutrientes presentes en los alimentos.

Edad. A medida que vamos cumpliendo años, la facilidad de acumular grasa es mayor. Por otro lado, haber tenido exceso de peso en la infancia aumenta el riesgo de obesidad en la edad adulta. Además, el envejecimiento induce un aumento del estrés oxidativo, asociado a la obesidad.

Descanso. La falta de sueño o el mal descanso están asociados a un mayor riesgo de sobrepeso y obesidad. Se ha visto que los niños que duermen más horas en los primeros 11 años de vida tienen menor riesgo de ser obesos en la adultez, independientemente del sexo, las horas de televisión, la actividad física y la situación socioeconómica familiar.

Estrés. Las situaciones de estrés inducen la liberación de ciertas hormonas que pueden inducir una modificación del comportamiento alimentario, afectando a la elección de los alimentos (más palatables, que son los que más placer nos producen y suelen ser los ricos en grasas y azúcares) y al tamaño de las raciones.

Cultura. Aspectos como el contexto escolar, las fiestas tradicionales, la influencia de los medios (publicidad, conceptos de la imagen corporal, mensajes sobre el peso), la vida social y sus interacciones, los alimentos disponibles en las diferentes áreas geográficas, o la costumbre de celebrarlo todo en torno a una mesa con comida, influyen en las elecciones alimentarias y por tanto en el peso. Muchos de estos factores se asocian a grandes porciones de alimentos. Por otro lado, se ha visto que la hora de comer (gen Clock) puede influir en el aumento de peso o en una mayor dificultad para perderlo.

Fármacos. Algunos medicamentos pueden favorecer el aumento de peso a través de diversos mecanismos: aumento del apetito, disminución de la tasa metabólica, bloqueo de la sensación de saciedad, aumento del tiempo de sueño, etc. Entre algunos de estos medicamentos se encuentran: antipsicóticos, antidepresivos, antihistamínicos, corticosteroides.

Metabolismo. El síndrome metabólico (caracterizado por un incremento de las LDL, un índice HOMA –resistencia a la insulina- elevado, presión arterial alta, hiperglucemia, exceso de triglicéridos, HDL baja) es un factor de riesgo de obesidad. Por otro lado, tener un metabolismo u otro (coas que depende mucho de la genética) puede hacer que se sea más o menos propenso a acumular grasa.

Hormonas. Las principales hormonas relacionadas con la obesidad son la leptina, la grelina y la insulina, de forma más directa. Existen muchas más. Pero existen muchas otras que, indirectamente se liberan cuando se activan los sistemas de recompensa (serotonina, dopamina, noradrenalina), esos por los cuales vamos a la cocina en busca de comida para sentirnos mejor (y no por hambre).

Masa muscular y adiposa. La cantidad de masa muscular y masa grasa corporal va a determinar que la tasa metabólica (es decir, la energía que el organismo consume en reposo), sea mayor o menor. El músculo favorece la eficiencia energética mientras que la grasa disminuye el metabolismo basal. Por otro lado, la cantidad de células que acumulan grasa (adipocitos) puede predisponer al sobrepeso. De hecho, al aumentar de peso se incrementa el tamaño y el número de adipocitos. Una persona que ha tenido sobrepeso u obesidad tiene más facilidad de aumentar de peso debido a que la cantidad de acumuladores de grasa que posee es mayor.

Disbiosis. La flora intestinal tiene una relación directa con la obesidad. Se ha observado que las personas obesas tienen un ambiente microbiano intestinal diferente, afectando a su diversidad. Esto se relaciona con mayor riesgo de obesidad, de resistencia a la insulina y la acumulación de grasa.

Psicología/Emociones. Muchos factores psicológicos influyen en la forma de comer. Cada vez es más frecuente recurrir a la comida como herramienta para gestionar una emoción (tristeza, enfado, ansiedad, aburrimiento, felicidad, etc). Es a lo que se llama comer emocional, mucho más común de lo que se cree. Si no se es capaz de gestionar estas emociones de forma adecuada y no recurriendo a la comida, se puede desencadenar en un trastorno de la conducta alimentaria y/o en obesidad.

Patologías. Enfermedades como hipotiroidismo, enfermedad de Cushing, síndrome de ovario poliquístico, síndrome de Pradder-Willi, síndrome de Bardet-Biedl, se asocian a un mayor peso y a obesidad.

Complexión individual. Existe susceptibilidad individual a padecer obesidad que depende, por un lado de la genética y por otro lado del sexo y la raza.

Es importante tener en cuenta, además, que todos estos factores están interrelacionados entre sí, y que aún queda mucho por descubrir al respecto. Por tanto, NO, no es tan sencillo como sumar y restar calorías.

obesidad obesogénico exceso de peso

Las personas con problemas de peso suelen ver afectada su autoestima, la imagen de su cuerpo, incluso la vida social, por lo que este tipo de comentarios, totalmente fuera de lugar, pueden llegar a agravar el problema más de lo que a usted le parece una simple frase (obviando, claro, que no es profesional sanitaria). Creo que además me comprenderá mucho más trabajando en un medio donde la imagen es importante, cánones que precisamente usted no cumple y no por ello es menos válida como periodista (no sé si lo será por otros motivos). Lo del amimefuncionismo no es un buen criterio periodístico.

Después de esto espero que pueda comprender mejor que una persona con exceso de peso no tiene menos rigor científico aunque hable de alimentación, al igual que un oncólogo con cáncer no ofrece un peor tratamiento por estar enfermo. Son cosas independientes.

Atentamente, de alguien que trabaja cada día para que este problema no se resuma  sólo una cuestión de sumar y restar calorías.

Alimenta tu felicidad.

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El lunes empiezo

El lunes empiezo, esa famosa frase que todos hemos dicho alguna vez, sea con lo que sea. En este caso: las dietas y el gimnasio. Ambos empiezan a funcionar el lunes. Ese día nos lo proponemos para empezar un cambio de hábitos. ¿Y por qué el lunes? ¿Qué tiene el lunes? ¿Lo entendemos como un comienzo? ¿O lo hacemos para darnos los últimos caprichos el fin de semana? Si es así… mal empezamos.

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Si hoy es jueves y decido cambiar algo, ¿por qué no empezar ya? ¿qué me impide esperar? El hecho de darme un plazo de 5 días para comenzar puede dar lugar a que, por un lado, aumente mi ingesta y empeoren mis hábitos aún más, y por otro, que pierda el nivel o grado de motivación que tenía cuando decidí cambiar. Si de verdad quieres cambios ¿por qué te das un tiempo?. Empieza ya. Aplícate el refrán “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Porque el mañana nunca llega… Cuando alguien quiere un cambio busca el CÓMO, y cuando no lo quiere, busca una EXCUSA, como dejarlo para el próximo lunes. Esto no es más que alargar esa vida que llevas y retrasar la ACCIÓN, el paso inicial que necesitas para comenzar una nueva etapa (etapa de cambios). Cambiar no es nada sencillo, y seguramente sea eso lo que te hace buscar “excusas” para no dar el paso. Salir de nuestra zona de confort nos asusta, nos da miedo, nos paraliza. Porque desconocemos lo que hay fuera: ¿cómo será? ¿sabré hacerlo? ¿me irá bien? ¿será fácil? ¿podré conseguirlo? Por lo tanto es fundamental que entiendas y averigües cuál es el motivo (el motivo real, el tuyo, no el de los demás) por el que te has planteado cambiar tus hábitos, porque esa será tu MOTIVACIÓN, y gracias a ella serás capaz de dar el primer paso y los siguientes hasta llegar a tu objetivo. Y esa Motivación debe ser lo más tuya (interna) posible, así como intensa y fuerte, lo suficiente para que dure en el tiempo y te permita ir avanzando paso a paso, a través de los desconocido, sin decaer y con las mismas ganas que el primer día. Por tanto, no sólo es importante conocer qué te mueve al cambio sino también regar esa semilla cada día, lo que hará que al final del camino llegue a ser el árbol que tú habías plantado. De lo contrario, llegará el lunes, y empezaremos con todas las ganas del mundo y querremos perderlo todo en una semana y ponernos fuertes en 15 días. Pero, siento decirte, que esto no funciona así. El cambio de hábitos no se cumplirá comiendo pollo y ensalada durante unas semanas hasta perder varios kilos y luego volviendo a comer como antes, y recuperar el “por un día no pasa nada”.

El cambio de hábitos comienza:

Cuando tienes una motivación por cambiar.

Cuando esa motivación es tuya.

Cuando estás dispuesto a salir de tu zona de confort.

Cuando das ese primer paso hacia la acción para el cambio.

Cuando pides ayuda si crees que la necesitas.

Cuando dejas de comer alimentos pocos saludables y basas tu alimentación en alimentos frescos, mayoritariamente de origen vegetal.

Cuando tus meriendas no son galletas, bollería o embutidos y eliges una pieza de fruta, frutos secos o alternativas diferentes y saludables.

Cuando entras en un centro comercial y buscas la escalera para subir, dejando a un lado al ascensor o la escalera mecánica.

Cuando cambias el licor digestivo o el cubata después del almuerzo por una infusión o un café.

Cuando vas en bicicleta o a pie al trabajo, y sólo utilizas el coche para casos necesarios.

Cuando no te premias con alimentos superfluos (chocolates, helados, alcohol, etc) tras un día duro, alegre o triste, como recompensa.

Cuando las patatas fritas o los snacks salados dejan de ser el tentempié de media mañana y se sustituyen por alimentos saludables.

Cuando, sobre todo, DISFRUTAS llevando a cabo estas acciones, y te sientes satisfecho/a contigo mismo/a.

Es entonces cuando se produce el verdadero cambio. Debes tener paciencia, pues no podemos pretender cambiar lo que llevamos haciendo muchos años (y hemos aprendido desde pequeños) en pocas semanas.

Si eres tú quien elige el estilo de vida que quieres llevar, estás motivado, decidido a cambiar, y actuas en consecuencia, dando pequeños pasos, te aseguro que logararás el verdadero cambio de hábitos. Y los lunes serán un día más de la semana en el que quizá aproveches para contar a tus compañeros de trabajo qué comidas nuevas has preparado o en qué lugar has estado haciendo senderismo el fin de semana, esas pequeñas cosas que determinan que tienes unos hábitos de vida saludables.

Alimenta tu felicidad
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El tren de los alimentos: Un camino hacia la diabetes

El TREN DE LOS ALIMENTOS es un sistema que utilizan muchos colegios para que todos los niños lleven el mismo desayuno. Consiste en dibujar un tren con 5 vagones, uno por cada día de la semana, y a cada día le asignan un desayuno para que todos los niños desayunen igual. En algunos colegios utilizan una rueda con 5 porciones u otro sistema pero el contenido es el mismo.

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Tren coloreado por Nora

¿Cuáles son los objetivos del Tren de los Alimentos?:

  1. Tener variedad de alimentos en el desayuno de los niños durante la semana.
  2. Al llevar todos los niños el mismo desayuno, no se crean conflictos entre ellos. Es decir, si todos los niños llevan manzanas pues a nadie se le ocurre coger el desayuno del compañero porque sabe que el suyo es igual.
  3. Resulta más fácil para los padres saber qué tienen que meter en las mochilas de sus hijos cada día y les sirve igualmente a modo de guía.

Pero ¿hasta qué punto el primer objetivo es necesario? Es decir, la mayoría de los adultos desayunan siempre lo mismo. ¿Por qué los niños tienen que desayunar todos los días algo diferente? Y, en ese caso, ¿por qué eso de diferente no pueden ser diferentes frutas, por ejemplo? O, ¿por qué no puede haber otro tipo de alimentos también diferentes, como zanahoria o huevo? ¿Acaso es mejor para ellos hacer esta distinción? ¿Por qué? Y si es mejor para ellos, ¿por qué no desayunamos diferente cada día los adultos? O ¿cuándo es el momento en el que se pasa a desayunar todos los días diferente a hacer todos los días el mismo desayuno? Se implantan ciertas normas no sé muy bien por qué, se anclan al sistema y no sabéis lo complicado que es quitar estos desajustes. En la siguiente imagen puedes ver algunos ejemplos del tren de los alimentos.

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¿Qué problemas presenta el tren de los alimentos?

Generalmente estas recomendaciones no están diseñadas por profesionales de la alimentación ni sustentadas con una razón de peso que las respalde, por lo que suelen estar cargadas de errores. Es muy posible que estas recomendaciones estén avaladas (o aconsejadas) por asociaciones u organismos en los que la industria alimentaria tiene mucho que decir por lo que al final se traduce en lo de siempre: que la comida basura esté presente pero disfrazada para que no se la reconozca.

Además, hay que decir que este sistema no cumple su principal objetivo (número 2), que es que todos los niños desayunen lo mismo. Y esto ocurre porque más del 50 % no suelen cumplirlo al pie de la letra, sobre todo el día de la fruta. Madres y padres, si hay un día (aunque sólo sea uno) que pone fruta, por favor, pongan FRUTA de verdad en la mochila de sus hijos. Les aseguro que si no se la come, no morirá de hambre (es sólo un día a la semana, por desgracia), pero aprenderá que la fruta debe formar parte de la alimentación. Y si ve que todos sus compañeros la llevan, quizá algún día le dé por probarla… Y os lo aseguro porque lo he visto con mis propios ojos. Un día hice un taller de nutrición en la clase de mi hija (de 3 años) e hicimos brochetas de frutas… Todos (TODOS) los niños probaron la fruta, incluso los que jamás la llevaban al colegio. Y muchos repitieron!! La profesora me decía “Si muchas madres vieran a sus hijos, no se lo creerían”. Y casualmente ese día tocaba fruta, y la mayoría de los niños no la llevaban…

Otro problema que observo es que son unas recomendaciones muy generales por lo que es fácil de caer en comida rápida y no saludable. Si el colegio te dice: “Mañana manzana” todos los niños al día siguiente comen manzanas pero si te dicen “fruta” algunos llevan fruta otros llevan zumo procesado porque en la etiqueta ponen 100% fruta (y no te dicen que no llevan pulpa y que en realidad es agua con azúcar simple) y otros llevan bebidas con algo de contenido en fruta, eso sí, con la imagen de la “patrulla canina” o de las “princesas Disney”.

Yo tengo mis razones para llamar a este sistema el TREN DEL AZÚCAR o DE LA DIABETES. A continuación analizo un tren ejemplo y aquello en lo que lo convertimos:

Lunes: LÁCTEOS. En las mochilas encontrarás yogures azucarados de sabores, bebidas tipo “actimel” y batidos. Es decir, más azúcar que lácteos. Y si lo acompañas con galletas…qué decir.

Yo suelo usar bricks de leche de 200 ml. Algunas marcas los tienen de leche entera. Recuerda, no prives a tu hijo de la grasa de la leche. Si le pongo yogur, suele ser natural sin azúcar y en vez de su envase comercial lo pongo en un tupper y le añado toppins como cacao rallado (no CocaCao, que como dice mi compi Aitor Sánchez es azúcar pintado de marrón), frutos secos, pipas de calabaza, o pequeños trozos de fruta. En alguna ocasión he preparado batidos. Pero batidos caseros con leche y frutas (las que haya en casa, de temporada).

Martes: FRUTA. Muchos padres no incluyen este alimento en las mochilas porque dicen que no les gusta. Claro, si nunca se lo damos… no les ofrecemos la oportunidad de que les guste. Nadie nace con las apetencias por los sabores desarrolladas, éstas se aprenden con el tiempo. ¿De verdad crees que no les gusta o es que no se la ofrecemos con asiduidad? En casa no se la come pero quizá que no la coma porque dispone de otros alimentos más apetecibles a los que acudir.

Yo, en su mochila, aprovecho los martes para introducir frutas diferentes. Las frutas que ponen en los comedores escolares suelen ser las mismas (manzanas, peras, plátanos) porque es barata y mejor aceptada por los niños. Para que no le coincida, voy cambiando según temporada (fresas, albaricoques, melón, uvas, mango, kiwi, etc). Y a veces también le añado algún fruto seco.

Miércoles: LIBRE. ¡PELIGRO! Este día suele ser el comodín que se usa para algo “extra”. Como la fruta no la quiere y siempre vamos con prisas, la solución rápida es galletas, dulces y bollería acompañado de su “lácteo”. Es decir, azúcar y más azúcar.

Yo, los miércoles elijo los entre bocadillo, fruta, o vegetales como zanahoria. Y a veces alguna sobra del día anterior. La semana pasada, nos sobraron unas croquetas hechas en el horno de la cena y ella misma me dijo que se las guardara para el desayuno del cole. Pues ala!!

Jueves: Bocadillo y zumo. El bocadillo que suelen llevar los niños es de pan blanco, por supuesto, y con relleno de fiambre (jamón york, chopped, etc.), patés o cremas de chocolate (otro bote de azúcar y grasa pintadas de marrón). Además el zumo es comercial, y no lo digo yo, me lo dicen las papeleras del colegio. En definitiva, harinas refinadas, procesados, grasas  y azúcar.

Yo suelo prepararle el bocadillo con tomate, alguna crema casera tipo hummus o crema de cacahuetes, queso, aguacate y otras variables rápidas y más saludables.

Viernes: Galletas o bollería. Como si fueran excluyentes, cuando son lo mismo (nutricionalmente hablando, claro). Son soluciones rápidas. Además la industria alimentaria te proporciona un gran surtido en el que encontrarás aquellos dibujitos que más le gusten a tu hijo, y así se irá súper contento al colegio.

Yo, me niego a poner galletas ni bollería. Es más, ni siquiera las compro. ¡Uy, la pobre! Dice quien me rodea. Este año tendrá como 20 cumpleaños de amigos y compañeros, una o dos veces por semana que visita a abuelos o familiares, y todos sabemos lo que eso conlleva, y un largo etcétera de situaciones obesogénicas. ¿De verdad “la pobre”? Creo que darle una buena alimentación es de los mejores regalos que le puedo hacer. Volviendo a la mochila que lleva los viernes  aprovecho para ponerle unos picolines con queso, fruta (también es dulce), un bocadillo o a veces hago galletas sin azúcar y con cacao, avena, dátiles y frutos secos. Algún día colgaré la receta.

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Esta es la mochila que he preparado para los días de septiembre desde la vuelta al cole.

desayunos-nora-septiembre

Como has visto, puedes utilizar el tren de los alimentos para dar azúcar a tus hijos o bien puedes utilizar las recomendaciones del tren de los alimentos para dar una alimentación saludable a los más pequeños.

Como conclusión:

  1. La alimentación saludable es uno de los mejores regalos que puedes dar a tus hijos.
  2. Llevar una tartera saludable al colegio no te va a quitar mucho tiempo. Sólo necesitas un poco de planificación y pensar la opción más saludable.
  3. Los niños no llegan a ningún conflicto en cuanto al desayuno porque uno lleve un plátano y otro una galleta.
  4. Es más probable que un desayuno cargado en azúcar termine en caries o en una diabetes que en un buen funcionamiento del cerebro y un mejor crecimiento.
  5. Piensa “el/la pobre” cuando un niño esté comiendo comida no saludable y estés segura que el tuyo/a está comiendo sano.
  6. Preparar el desayuno junto a ellos puede ser un momento interesante para despertar su interés por nuevos alimentos.
  7. Comprar diferentes frutas y que el niño elija cuál quiere llevar al cole puede favorecer su consumo.
  8. Cómprale una tartera con los dibujos que más le gusten. La galleta con el dibujo ya no será una excusa para su consumo ni para ellos ni para ti.

Griselda Herrero

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Cuando hablen de dietas en televisión, cambien de canal

El pasado lunes emitieron un programa en el grupo A3 Media dirigido por el chef Alberto Chicote y con el título #DietasAExamen. Como todos los programas de este tipo, ya sabíamos todo lo que podía salir y, aunque los 5 primeros minutos prometieron, el programa cumplió todo lo que me esperaba. ¿Por qué? Al igual que no aprendes a cocinar en los programas de cocina tampoco vas a conseguir un cambio de hábitos viendo estos programas.

dietas a examen

Yo destaco 10 puntos:

  1. El objetivo final es el peso. El peso de las personas tiene importancia, pero no es lo más importante. Cuando se cumple el objetivo que plantean (pérdida de peso), nos relajamos y volvemos a nuestros hábitos porque no hemos aprendido a llevar otros. El objetivo que debemos plantearnos es la mejora de la salud y el cambio de hábitos. El peso vendrá como consecuencia de estos cambios. Cuando veas un programa cuyo objetivo principal sea la pérdida de peso, cambia de canal.
  2. Los profesionales y sus conflictos de intereses. Siempre me pregunto ante estos programas quiénes están detrás o cómo se financian. Muchos de los profesionales que dan sus consejos en programas de este tipo están elegidos por empresas que pagan por salir (conflicto de interés e imparcialidad). Cuando veas un programa cuyo nombre de la empresa que da el consejo es más importante que el mensaje, cambia de canal.
  3. La audiencia. Los programas de televisión, tanto en emisoras públicas como privadas, se mueven por la audiencia. Para las productoras es lo importante. Que no te engañen, la salud les importa bastante menos, por decir algo. De ahí, entre otros, que el objetivo a destacar sea la pérdida de peso (saben que este mensaje llega a la gente) y no el cambio de hábitos para evitar ese efecto rebote. Cuando veas un programa que sólo busca audiencia con la pérdida de peso, cambia de canal.
  4. Los titulares sensacionalistas. “Pierde 4 kilos en una semana” o “la dieta de las celebrities”, “el pan engorda”, “la dieta vegana es veneno”, etc. Estos mensajes se lanzan con el único objetivo de atraer a más personas con independencia del daño que pueden crear tanto físicos como psicológicos, o incluso en transmitir una información incorrecta. Y el problema es que estos mensajes calan mucho más de lo que podamos imaginar. “Si no te tomas un zumo rápidamente se le van las vitaminas” ¿Verdad que calan estos mensajes? Cuando veas un programa que te envíe mensajes incuestionables, cambia de canal.
  5. La falta de contraste profesional. Es muy común, ver hablando de salud al guapo/a de turno, al famoso/a del momento o a un “vende humos” sin una formación detrás (Pilar Rubio, Patricia Pérez, etc). La labor del periodista es informarse, contrastar y, con una evidencia científica que lo respalde, acudir al profesional acreditado. Por desgracia, no ocurre esto en muchas ocasiones y nos encontramos con programas llenos de falacias, mitos y falsedades. Gente poco actualizada enviando mensajes erróneos u obsoletos. Cuando veas un programa en el que aparezcan profesionales acreditados, cuestiónate lo que dicen y busca otras opiniones (si el presentador no lo hace). Si los que aparecen tienen titulaciones “alternativas”, o simplemente son famosos, no te creas nada y cambia de canal.
  6. Si te he visto no me acuerdo. El programa llega a su fin, el concursante llega a un objetivo tras 2 semanas, un mes o el tiempo que dure el programa y después, fin del programa, fin de su tratamiento, fin del seguimiento, y fin a su cambio de hábitos. Consecuencias: posible efecto rebote, sentimiento de culpa, fracaso otra vez más, etc. Es decir, no se ha conseguido una adherencia y por lo tanto el objetivo no se ha cumplido (al menos el que tenía el concursante, el del programa por supuesto que se ha cumplido). Cuando veas un programa que no va a tener un seguimiento al paciente más allá de lo que te emiten, cambia de canal.
  7. Los mensajes perduran. Todos estos mensajes que se emiten año tras año y que están sacados de publicidades de productos no saludables así como todos los mensajes sensacionalistas que comentábamos anteriormente, calan en el espectador y son más que difícil sacarlos de la cabeza con todo el daño que conllevan. Además, el mensaje lo reciben tanto los concursantes como los telespectadores, y si el concursante ha perdido “x” kilos” en 2 semanas, tú también lo quieres y entonces, haces lo mismo. Y piensas que solo lo puedes conseguir (con toda esa información que has visto en el programa). Lo siento, esto no funciona así.
  8. El enfoque del programa. Los programas son rápidos, no tienen mucho tiempo y la publicidad manda. Los programas no pueden atender a todo el mundo por lo que se generaliza bastante y, en cuestión de cambios de hábitos, dietas y alimentación, no es lo más conveniente. Además, añadir la paradoja que suele ocurrir en estos programas (casual o no…): mucho hablar de frutas y verduras y alimentación saludable y luego, en los 20 minutos de anuncios te meten toda la “mierda” que te están diciendo que no debes comer… Eso es coherencia… Cuando veas un programa que trata de conseguir objetivos rápidos en poco tiempo, y que no predica con el ejemplo, cambia de canal.
  9. Punto de partida. Tratan a todos los participantes por igual. No se tienen en cuenta sus puntos de partida, sólo una analítica y una prueba de esfuerzo. No se tiene en cuenta su nivel sociocultural, su estado emocional, su capacidad para motivarse, su etapa de la vida, etc. No sabéis la importancia que tienen estos puntos y lo presente que hay que tenerlos cuando queremos ganar en salud. No se tienen en cuenta las cuestiones que llevan a la persona a querer perder peso o a haberlo adquirido. O se trabaja la raíz del problema, las dificultades para adherirse al cambio de hábitos, los miedos, el control de la ansiedad. Y esto son aspectos fundamentales en cualquier proceso de cambio de hábitos. Cuando veas un programa en el que tratan a todos por igual (y no me refiero a igualdad de género o discriminación), cambia de canal.
  10. El resultado final. El resultado final no es el final para ti sino para el programa. ¿Qué pasa dentro de 3-4 años? ¿Conserva el mismo peso? ¿Y su salud? ¿Nos importan los concursantes o la audiencia? ¿La culpa es de los concursantes, de las dietas o las fórmulas que se han aplicado? ¿Qué pasa con los efectos y consecuencias que se han podido generar en los espectadores? Sea como sea, finalmente el mensaje ha calado y serán los concursantes y los espectadores quienes, para bien o para mal, “pagarán el pato”. La productora y el periodista seguirán con su vida, haciendo otros reportajes de similar evidencia científica.

En fin, el programa del lunes, como me esperaba, fue uno más como otros que se emitían, se emiten y, por desgracia, se seguirán emitiendo. No soy nadie para dar consejo pero cuando hablen de dietas en televisión, cambien de canal.

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¿Y si te digo que es mejor “permitirse” que “prohibirse”?

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Sí, la cara de espanto después de leer el titulo puedo entenderla; pero déjame que te cuente la razón para hacerte esta recomendación.

Antes de empezar aclararemos algunos conceptos básicos:

Todos podemos prescindir de algunos productos, no alimentos, sino PRODUCTOS que se encuentran en supermercados o tiendas de alimentación, lo que no significa que sean alimentos. Pero no podemos prescindir de ALIMENTARNOS, puesto que es necesario para nuestra salud y supervivencia. Comer, hay que comer.

Prescindir de un ALIMENTO que nos gusta (sin razón justificada), carece de sentido. Es un alimento, no es veneno; y no vas a pasarte la vida prescindiendo de ello ¿verdad?. (No te enojes aún conmigo…déjame que te explique). No debemos prescindir de relacionarnos SOCIALMENTE, puesto que es bueno para nuestra salud psicológica.

Estamos hablando de casos de comer emocional, trastorno por atracón, presencia de atracones (sin cumplir criterios de trastorno por atracón) y sobre todo PREVENCIÓN de todos ellos.

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Comencemos, y para ello nos vamos a centrar de forma exclusiva en las palabras PERMITIR y PROHIBIR.

Prohibir un ALIMENTO (o PRODUCTO) sin justificación (es decir, sin que haya razones evidenciadas fisiológicamente que hacen que por un tiempo determinado los alimentos se restrinjan) cuando no existen razones para ello, más que la rápida pérdida de peso,  provoca un mayor riesgo de que las consecuencias negativas a largo plazo sean mucho peores que los beneficios obtenidos. Prohibir un alimento ocasiona unos cambios determinados a nivel psicológico que desembocan en sentimientos negativos. Veamos un ejemplo:

             Marta tiene prohibido tomar pasta, tartas, postres y pan. Podemos identificar dos vías para esta prohibición:

1)      Prohibición ocasionada por ella misma debido a lecturas de información errónea y dañina, a la sociedad, etc.

2)      Mal enfoque realizado por algún “profesional” o pseudoprofesional.

Sea como sea, Marta tiene PROHIBIDO ingerir dichos productos. Lleva dos semanas con su “dieta” y cada vez tiene más ganas de comerse un plato de pasta o de probar esta tarta casera que en casa han realizado. Sin embargo, hasta ahora se ha resistido porque se considera “fuerte” y tiene muy claros sus “objetivos”.

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Imagínate por un momento qué ocurrirá cuando hayan pasado 3 semanas, y 4, y 2 meses…. La apetencia por esos productos prohibidos aumentará considerablemente con el tiempo, lo cual puede ocasionar ciertos efectos:

  1. Un aumento del deseo e importancia hacia dicho producto que, de forma directa, significará un aumento en la cantidad que se coma el día que se rompa la prohibición.
  2. Un aumento de la ansiedad hacia dichas sustancias, que causará una mayor rapidez a la hora de tomarlo y por tanto menor sensación de saciedad, por lo que al final se tomará más cantidad de alimento.
  3. Crear una asociación directa entre el producto prohibido y la sensación de recompensa y/o liberación (“hoy me lo merezco por haberme restringido todo este tiempo…”), lo que conlleva a una mayor apetencia por ese tipo de productos cada vez que nuestro cerebro necesite ser recompensado emocionalmente por algo.
  4. Tener esos productos como prohibidos hace que se les dé mayor importancia, lo que provoca un aumento de pensamientos relacionados con ellos y por tanto nuestra atención está más orientada hacia esas sustancias de lo que lo estaría si no se hubieran prohibido.
  5. Un posible atracón. Estamos hablando de un producto alimentario prohibido, por lo que la mente interpreta que “si un día lo tomo, es un caso excepcional, algo que no se volverá a repetir en mucho tiempo aunque me apetezca”. Por tanto, y como dice el refrán popular “de perdidos… pues al río”, se tomará una cantidad excesiva y de forma compulsiva, generando sentimientos de fracaso y debilidad a posteriori.
  6. El sentimiento de culpabilidad generado cuando se toma algún producto alimentario prohibido genera un círculo del que es complicado salir, pues a la culpa posterior a comer el alimento prohibido le sigue una nueva prohibición, que probablemente desemboque en un nuevo atracón o ingesta descontrolada, sentimiento de culpa y fracaso,… y así se entra en el círculo.

Ahora le toca el turno a PERMITIR Si Marta decide permitirse esos alimentos, está adquiriendo una responsabilidad con ella misma y por tanto asumiendo un CONTROL INTERNO en sus pautas saludables de alimentación. Es mucho más difícil, a veces, permitirse que prohibirse; puesto que permitir supone tener una serie de compromisos:

  1. Controlar la cantidad de alimentos permitidos, sin que haya un abuso.
  2. Tener clara la diferencia entre hambre real y hambre emocional y no utilizar la comida para calmar un componente psicológico o emocional.
  3. Aprender a sentir e identificar las sensaciones de saciedad.
  4. Conocer y aprender diferentes opciones saludables con las que tomar dichos alimentos.

Además, ser capaz de adquirir estos compromisos genera beneficios a largo plazo:

Control interno en la toma de decisiones.
– Dar la importancia que tiene a cada alimento, sin sobrevalorar ninguno en concreto, y con la perspectiva adecuada. Ningún alimento es imprescindible (excepto la leche materna).
Disminución del deseo y la ansiedad.
Responsabilidad y bienestar interno, evitando los sentimientos de culpa y excusa.
Mayor motivación en la consecución de los objetivos.
– Capacidad de identificar y gestionar situaciones emocionalmente estresantes que pueden afectar los patrones alimentarios.
– Habilidad para crear opciones saludables con diferentes productos o alimentos.

En definitiva, se trata de enseñar y aprender a gestionar nuestras emociones.

Si prohibimos, no educamos; simplemente tapamos el problema sin encontrarle una solución a largo plazo. Es cierto que en muchas ocasiones es necesario realizar modificaciones alimentarias en un primer momento, lo cual no requiere de una prohibición propiamente dicha, sino de un aprendizaje de cuáles son los alimentos que deben formar parte de nuestra dieta habitual y qué productos no son saludables ni necesarios, así como los efectos de cada uno sobre nuestro organismo (tanto física como psicológicamente). Lo más importante es ofrecer herramientas a la persona para que sea quien tenga el control sobre su alimentación, sus emociones y su salud.

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Y recuerda, TÚ eres tu mejor herramienta.

Cristina Andrades

 

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La atención psicológica en obesidad, ¿en grupo o individual?

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Actualmente la figura del psicólogo cada vez está más presente cuando se trata la obesidad y el sobrepeso (de forma correcta e incorrecta… de esto hablaremos otro día), pero lo más importante es que ya se tienen en cuenta todos los factores y variables psicológicas que influyen en este problema de salud.

Los formatos en los cuales suelen ofrecerse los servicios psicológicos varían entre individual o grupal. Vamos a analizar que dicen los estudios al respecto y cuáles son los pros y los contras de ambas formas de trabajar.

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En un artículo publicado en el año 2014 por Ana Aizpún Marcitllach y Constanza Fernández de Gamboa se señalan los beneficios obtenidos por ellos a través del formato grupal divido en diferentes fases según el proceso de tratamiento:

“El abordaje psicológico grupal evoluciona a medida que lo hacen las personas. Al inicio del tratamiento, las personas comienzan a asistir a los grupos, que se centran en la toma de conciencia y ruptura con un vínculo disfuncional con la comida y con un estilo de vida contrario al mantenimiento de un peso saludable. A medida que el proceso va avanzando y se van acercando a su peso saludable, se produce el cambio a los grupos de construcción. Durante una fase intermedia que llamamos de consolidación, la persona puede asistir a ambos grupos.”

Sin embargo, no en todos los casos nos encontramos con grupos que estén divididos según dichas fases. En numerosas ocasiones el grupo se forma en un comienzo y siempre son las mismas personas las que lo integran, aunque en un mismo grupo unos avancen más rápido que otros en el tratamiento; esto último se señala como una fuente de motivación para las personas a las que les cuesta más la adaptación a los nuevos hábitos de vida saludables.

Independientemente de las fases en las cuales dividamos el camino en el grupo, siempre tenemos que respetar tres tiempos: Formación y conocimiento del grupo, trabajo grupal y cierre del grupo. Sabiendo que podemos encontrarnos con conflictos grupales (puesto que al fin y al cabo nos encontramos con relaciones sociales dentro de él); sin embargo, estos conflictos grupales nos pueden servir para el trabajo de habilidades sociales, autoconocimiento, control de la ansiedad y de los impulsos.

El grupo es como una pequeña ciudad, cada persona desempeña su rol y todos hacen que funcione y esté en marcha, por este motivo es tan importante la asistencia continuada para poder formar lazos reales y fomentar la unión grupal.

Encontrarte de forma periódica con personas que están recorriendo el mismo camino, que están pasando por las mismas dificultades o similares y poder trabajar de forma dinámica las problemáticas que se van encontrando, hace del formato grupal un gran escenario para la práctica psicológica.

Pero… ¿Qué dificultades podemos encontrarnos?

A pesar de todos los beneficios que engloba el formato grupal, en muchas ocasiones los prejuicios, que desgraciadamente aún acompañan al tratamiento psicológico, se ven aumentados cuando  se trata de formar parte de las sesiones grupales. Por este motivo no podemos olvidarnos de disponer de consultas individuales donde poder crear un primer vínculo con la persona y poder saber qué dificultades pueden presentarse en el posterior formato grupal.

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Por otro lado, las consultas individuales permiten el trabajo personal de forma más íntima. Actualmente sabemos que la relación con la comida va más allá del simple motivo de la ansiedad o el control de impulsos; los últimos estudios señalan cómo la personalidad, la historia familiar, etc. ejercen influencia en la posterior relación con la comida y por tanto las terapias psicológicas deben profundizar en estos temas y salir del enfoque superficial.

Como vemos, ambos formatos son necesarios, combinados de la forma correcta y sabiendo los beneficios y los contras de cada uno podemos lograr un tratamiento mucho más adecuado sin dejar desatendida ninguna parcela psicológica.

Cristina Andrades

Referencias:

Aizpún Marcitllach, Ana y Fernández de Gamboa Aguinaga, Constanza (2014). La terapia de grupo en un caso de obesidad. Clínica Contemporánea. Revista de Diagnóstico Psicológico, Psicoterapia y Salud , Vol. 5 (1), 41-51.

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Sobrepeso y obesidad en niños y adolescentes

Los índices actuales de sobrepeso y obesidad infantil en muchos países desarrollados tienen un gran impacto sobre la salud física, social y psicológica de quienes las padecen, estando además directamente relacionadas tanto con la probabilidad de tener obesidad en la adultez como con el desarrollo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares a edades tempranas.

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Aunque no existe un consenso entre los investigadores para definir las causas de la obesidad y el sobrepeso, parece estar claro que tiene un origen multifactorial. Si bien es cierto que el balance energético entre las calorías consumidas y las gastadas por el sujeto juega un papel importante, existen otros condicionantes cuyos roles son fundamentales para el desarrollo de sobrepeso y/u obesidad; como la genética o los factores asociados al entorno de la persona y a su estilo de vida.

En España, los investigadores Sánchez-Cruz y colaboradores (2013) demostraron que los niños y niñas de entre 8 y 17 años presentan un índice de sobrepeso del 26%, y de obesidad del 12,6%; por lo que casi 4 de cada 10 jóvenes sufren de exceso de peso (38,6%). Hay que destacar que el exceso de peso entre los 8 y los 13 años fue casi un 20% más alto que el registrado entre los 14 y los 17 años (45% frente a 25,5%).

En Estados Unidos los resultados son muy similares. El estudio de Ogden y colaboradores (2014) determinó que en los años 2011-2012 más del 34% de los niños y niñas de entre 6 y 19 años presentaban sobrepeso u obesidad.

Estos datos epidemiológicos se repiten de forma similar también en otros países del mundo, como Brasil, Chile, Australia o los países del Reino Unido. Además, simultáneamente a esta situación se da un aumento progresivo de la prevalencia de patologías como la diabetes y otras enfermedades crónicas relacionadas con la nutrición, como problemas cardiovasculares e, incluso, algunas formas de cáncer (Sahoo y col., 2015).

No debemos olvidar que estamos hablando de problemas de salud en una población entre los 6 y los 20 años aproximadamente, por lo que a ninguno se nos debería pasar por la cabeza la expresión de “mal de muchos consuelo de tontos”. Son simplemente datos que deberían servirnos para despertar y actuar en consecuencia. Es hora de analizar las consecuencias y llamar a la conciencia de las entidades y organismos nacionales e internacionales encargadas de la promoción de la salud y los hábitos de vida saludables.

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Mientras tanto, somos nosotros mismos los que debemos tomar las medidas oportunas para paliar o revertir esta situación.

Nuestro consejo es sencillo:

–          Aprende a comer bien y disfruta haciéndolo en familia.

–          Practica ejercicio de forma regular e educa este hábito a tu familia y amigos.

La actividad física, cada vez más ausente en los niños y adolescentes, ha sido sustituida por las nuevas tecnologías: tablets, móviles, consolas, ordenadores… Ya es raro ver los parques repletos de niños de más de 5 años. Como mucho, se les apunta a algún deporte (sobre todo si es niño), más por ocuparles la tarde que por transmitirles la importancia de la actividad física como estilo de vida. Porque, ¿cuántos padres que llevan a sus hijos a alguna actividad deportiva la practican también? ¿Y cuántos de ellos la comparten con sus hijos, aunque sea los fines de semana? Tristemente son pocos… Y digo tristemente por dos motivos: uno, porque dejan escapar una oportunidad fantástica para disfrutar con sus hijos de forma saludable; y dos, porque no predican con el ejemplo. No podemos decirle a nuestros hijos “tienes que hacer actividad física que es muy bueno para la salud” si nosotros siempre subimos por el ascensor… Incongruente, ¿no? ¡Pues es real!

Si queremos que nuestros hijos hagan algo, y lo adquieran como un hábito, la mejor forma de hacerlo es haciéndolo nosotros. Ellos repiten lo que ven, y si encima se comparte con ellos, ¡mucho mejor!

Y eso por no decir lo importante que es la actividad física en la prevención y el tratamiento del sobrepeso y la obesidad infantil. Una de las causas de los alarmantes datos arriba señalados es el sedentarismo, por supuesto, pero no el único, como apuntan algunas entidades interesadas en que no se culpe a los productos que venden. En este sentido, trabajar los buenos hábitos de salud para prevenir la obesidad no sólo está en lo que comemos; también está en lo que sentimos y en lo que nos movemos. Los tres pilares son fundamentales y necesarios para abordar este tema desde la infancia, y deben adquirirse lo más temprano posible para poder instaurar esos hábitos en nuestro día a día y puedan mantenerse en el futuro.

Y, por supuesto, déjate asesorar por profesionales de la salud para alcanzar tus objetivos. El ejercicio que practica tu vecino o compañero de trabajo, no tiene por qué ser el más adecuado para lograr tus objetivos y, por supuesto, puede no ser el más recomendable para ti.

Luis Berlanga y Griselda Herrero

Bibliografía

–          Ogden, C. L., Carroll, M. D., Kit, B. K. y Flegal, K. M. (2014). Prevalence of childhood and adult obesity in the united states, 2011-2012. JAMA, 311(8), 806-814. doi: 10.1001/jama.2014.732

–          Sahoo, K., Sahoo, B., Choudhury, A. K., Sofi, N. Y., Kumar, R. y Bhadoria, A. S. (2015). Childhood obesity: causes and consequences. J Family Med Prim Care, 4(2), 187-192. doi: 10.4103/2249-4863.154628

–          Sánchez-Cruz, J.-J., Jiménez-Moleón, J. J., Fernández-Quesada, F. y Sánchez, M. J. (2013). Prevalencia de obesidad infantil y juvenil en España en 2012. [10.1016/j.recesp.2012.10.016]. Revista Española de Cardiología, 66(05), 371-376.