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PUBLICIDAD EMOCIONAL: EL QUINTO JINETE DEL APOCALIPSIS

De un tiempo a esta parte, se está demonizando el azúcar refinado, como el gran culpable de los problemas dietéticos que tiene la población actual, y hace unas semanas escribíamos un post en el que analizábamos otros ingredientes básicos y comunes en cualquier producto ultra procesado que podemos encontrar en las estanterías del supermercado (aceites poco saludables, harinas refinadas y altas concentraciones de sal).

¿Por qué se utilizan estos 4 ingredientes en cientos de productos?

Básicamente porque son baratos y muy palatables, lo que hace que su consumo sea más que irresistible. Los podríamos catalogar como los 4 jinetes del Apocalipsis (4 jinetes sobre 4 caballos: blanco, rojo, negro y bayo, según la historia) y tal vez estos caballos (ingredientes) sean parte de este apocalipsis alimentario que vivimos, pero me falta un caballo ganador, el quinto caballo, y es el que juega con nuestras emociones y se mete en nuestro cerebro a través de la publicidad.

Me contaba un día un familiar que trabajaba en un supermercado que había un producto en las estanterías que había que retirarlo periódicamente porque no se vendía y que solo le faltó salir un poco por televisión para que dejara las estanterías vacías, pero esta vez por falta de existencias. Sí, la publicidad funciona. Y la publicidad es cara, por lo que para que el producto tenga unos precios competitivos, los ingredientes deben ser más baratos aún. Podríamos aplicar para este momento otra de mis leyes: “La calidad de los ingredientes de un producto es inversamente proporcional a la de veces que veas el anuncio en televisión”.

¿CÓMO ATACA EL QUINTO JINETE DEL APOCALIPSIS?

Analiza nuestras carencias y nos lanza una frase perfecta que va a provocar en nosotros un deseo irrefrenable de probar ese nuevo y “maravilloso” producto. Tenemos problemas en el trabajo, con la familia, con los amigos, la crisis de los 40, con esos kilitos de más que podemos tener y que no nos dejan lucir un cuerpo perfecto, etc, y caemos inocentemente en sus redes. Unas redes tejidas a la perfección: el mensaje, la letra, los colores, la música, el envoltorio, todo perfectamente estudiado. Una vez comprado y probado, los problemas que teníamos los seguimos teniendo, aunque tal vez no recuerdes que habías comprado ese producto  pensando que iba a ayudarte. Hace unas semanas, una compañera dietista-nutricionista, Victoria Fágundez (@vik_fagundez), subía a twitter una imagen publicitaria en el metro de Madrid de una galleta con el siguiente mensaje: “Ser auténtico empieza por tener chocolate de verdad”. Nos hemos permitido la licencia de tunear la imagen un poquito para que veáis cómo cambia el mensaje: lo que tu cerebro interpreta, lo que de verdad estás comiendo y lo que cualquier profesional de la salud piensa de ese producto.

¿A qué se refiere con “chocolate de verdad”? El chocolate es el producto que se obtiene de mezclar azúcar y cacao. Quiero decir que un producto puede tener un elevado porcentaje de azúcar y menos de pasta y manteca de cacao y seguir siendo chocolate igualmente (de verdad, os lo juro). También es cierto que el mensaje acompaña a la galleta, pero quizá no se refiera a ella, quién sabe.

¿QUÉ INTERPRETA NUESTRO CEREBRO?

Tienes problemas en el trabajo, estás en continua crisis y piensas que nadie te entiende. “Seguramente sea porque eres diferente pero nadie lo está viendo”, “eres auténtico porque te da igual comer esto aunque el resto de compañeros/as de oficina no lo acepten”. Además has visto en muchísimas ocasiones a famosos y expertos decir que por un día no pasa nada y que el chocolate es placer, además es chocolate de verdad (no uno cualquiera), del que te mereces.

¿QUÉ DICE LA ETIQUETA?

Nutricionalmente, más o menos lo mismo que cualquier otra galleta rellena de chocolate. ¿Para qué seguir si siempre es lo mismo?.

¿QUÉ DICE EL PROFESIONAL?

Producto innecesario que recomienda no tomar y en tal caso, ser de consumo MUY ocasional. Y que además no te hará ser más auténtico: no engañes a tu cerebro con la publicidad emocional.

La mayoría de los productos innecesarios llevan un mensaje que juega con nuestras emociones. De vez en cuando “deconstruiremos” otros mensajes publicitarios para ver el efecto que provocan.

 

Alimenta tu felicidad

 

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Mi talla es una…. D (de lo que me da la gana)

Sí, hoy hablamos de tallas. ¿Qué significa la palabra “talla”? Buscamos en la RAE (Real Academia Española) y encontramos esta definición (en referencia al tallaje de ropa): Medida convencional usada en la fabricación y venta de prendas de vestir.”

Pero, ¿en qué se ha convertido realmente la palabra talla?. Preguntamos a personas de entre 20-40 años, mujeres y hombres: ¿qué es para ti la palabra TALLA? Y exceptuando 3 personas que señalaron una definición parecida a la RAE; el resto de definiciones tornaban similares a estas seleccionadas e incluso se repetían:

Etiqueta

 

Medida

 

Lo que quieren las tiendas que midas

La talla debería hacer referencia a las medidas. El problema es que actualmente ha tomado connotaciones de delgadez o gordura, a parte de que no tiene un sistema fiel de medidas: dependiendo del fabricante podemos encontrar dos tallas iguales que representan medidas muy distintas.

¿Qué está pasando?

La talla es una etiqueta, y una medida. Hasta aquí no hay nada preocupante pero ¿quién categoriza dichas etiquetas y qué pasa cuando una misma etiqueta es diferente según la marca de ropa que usemos? Aquí es donde comienzan los problemas.

Hace unas semanas, Ana Belén Rivero subía esta foto a Instagram:

“La ruleta de la talla 38” es un reflejo muy real de lo que ocurre en las tiendas de ropa actualmente; y que también lo señalaba una de las chicas que respondió a nuestra pregunta:

no tiene un sistema fiel de medidas; dependiendo del fabricante podemos encontrar dos tallas iguales que representan medidas muy distintas”

Pero vayamos a las propias tiendas… elegimos pantalones de diferentes marcas y tallas y la sorpresa es aún mayor:

Esto supone no sólo una contradicción sino una falta de uniformidad en los criterios que se utilizan para las tallas, dado que no es lógico que una misma persona, con el mismo cuerpo, pueda tener ropa de 3 tallas diferentes.

¿Cómo puede dañar psicológicamente este tipo de variabilidad en los tallajes?

Todos sabemos que socialmente (y por desgracia) tener una talla 42 está asociado a “gordura”, tanto es así que a partir de la 46 tenemos marcas de ropa “especiales” para “esas tallas”.  Y si unimos esto al hecho de que la delgadez extrema se ha asociado durante años al canon de belleza, constancia, perseverancia, responsabilidad, orgullo, etc., al final tenemos el caldo de cultivo perfecto para crear futuros problemas de alteraciones en la conducta alimentaria.

Y no dejaros engañar por la publicidad…. Nos venden las tallas en “tiendas especiales para esas tallas (me niego a poner talla grande una 46)” con publicidad sobre autoestima, aceptación… y un largo etc.

¿Aceptación? ¿Autoestima? ……… ¿Acaso comprar en una tienda diferente, señalada, y con una doble etiqueta (tallaje irreal y supuestas tallas grandes), tiene que mejorar la autoestima? Pues NO, no mejora nada…más bien aumenta el problema.

Con este tipo de actuaciones: tallas diferentes que supuestamente son iguales, tallas grandes o pequeñas señaladas y apartadas, tallas asociadas a connotaciones negativas; lo único que estamos haciendo es:

  • Fomentar la comparación social de forma negativa.
  • Asociar una etiqueta como sinónimo de logro.
  • Etiquetar de forma errónea el cuerpo.
  • Fomentar alteraciones alimentarias.
  • Restricciones alimentarias.
  • Comer emocional.

¿Y ante esto qué podemos hacer?

Es muy difícil (aunque muchos luchamos cada día para lograrlo) cambiar de una vez y establecer un sistema universal y real de medida en cuestión de tallas. Pero mientras esto ocurre, la posibilidad del cambio está en nosotros mismos. Si no te queda bien la S o la talla 36, no dejes de probarte una 38; y lo más importante no te sientas mal por ello. Que para esa marca o tienda de ropa la 36 sea 4 centímetros más pequeña que tu ropa habitual, no debe hacerte pensar que tengas un problema o que debas adelgazar.

Y lo mismo ocurre con las tallas pequeñas… ¿cuántos supuestos vestidos de la XS tienen un escote para un tallaje de pecho muy superior a la XS?. Así que esto es para todos, los más grandes, los más pequeños, los más gordos y los más delgados: La talla que pongan en la ropa que llevas no significa nada, no describe tu físico; así que no le des el poder de hacerte sentir mal.

Cristina Andrades

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Carta obesa a Mercedes Milá

obesidad obesogénico exceso de peso

Podría decirle todo lo que mis compañeros (pongo como ejemplo a Juan Revenga) ya han hecho en relación a su intervención en el programa Chester in Love de Cuatro, hablando de su falta de educación, cuanto menos, además de no haber sabido defender su postura a favor de la enzima prodigiosa más que utilizando el ataque personal y directo, quizá en un intento (logrado) de desviar la atención del quiz de la cuestión.

Pero esa no es mi intención. Yo sólo voy a enumerarle los factores que influyen en el peso, con el objetivo de que la próxima vez que piense en llamar gordo/a a alguien, fuera o dentro de las cámaras, se lo piense dos veces. Porque igual esto del peso no es tan fácil como comer menos y moverse más… porque si lo fuera, ¿no cree que la gente que tiene verdaderos problemas de salud lograría bajar de peso fácilmente dejando de comer y haciendo ejercicio? Pues no, no es tan simple. De hecho, es mucho más complejo de lo que parece. Y desgraciadamente el ambiente obesogénico en que vivimos no nos lo pone fácil (la televisión es uno de ellos, con tanta publicidad emocional y mensajes contradictorios).

Bien, pues entre los factores que afectan al peso, además de la forma de comer (que por supuesto, no es sólo comer más o menos, sino el tipo de productos que se ingieren y la forma de hacerlo –ya tenemos 3 variables en una-) y de moverse (que tampoco es sólo irse a caminar viendo escaparates, sino qué tipo de ejercicio se hace, de qué forma y con qué frecuencia), encontramos:

Genética. Existe una predisposición genética a la obesidad. La presencia de determinados genes como FTO, LEPR, POMC, MC4R, CART, AGRP, PPAR (y muchos más). No obstante es importante apuntar que el hecho de tener estos genes no siempre significa desarrollar la enfermedad ya que el ambiente puede evitar que dichos genes se expresen. Aquí habría que incluir la nutrigenética y la nutrigenómica, que estudian la relación entre la genética y los nutrientes presentes en los alimentos.

Edad. A medida que vamos cumpliendo años, la facilidad de acumular grasa es mayor. Por otro lado, haber tenido exceso de peso en la infancia aumenta el riesgo de obesidad en la edad adulta. Además, el envejecimiento induce un aumento del estrés oxidativo, asociado a la obesidad.

Descanso. La falta de sueño o el mal descanso están asociados a un mayor riesgo de sobrepeso y obesidad. Se ha visto que los niños que duermen más horas en los primeros 11 años de vida tienen menor riesgo de ser obesos en la adultez, independientemente del sexo, las horas de televisión, la actividad física y la situación socioeconómica familiar.

Estrés. Las situaciones de estrés inducen la liberación de ciertas hormonas que pueden inducir una modificación del comportamiento alimentario, afectando a la elección de los alimentos (más palatables, que son los que más placer nos producen y suelen ser los ricos en grasas y azúcares) y al tamaño de las raciones.

Cultura. Aspectos como el contexto escolar, las fiestas tradicionales, la influencia de los medios (publicidad, conceptos de la imagen corporal, mensajes sobre el peso), la vida social y sus interacciones, los alimentos disponibles en las diferentes áreas geográficas, o la costumbre de celebrarlo todo en torno a una mesa con comida, influyen en las elecciones alimentarias y por tanto en el peso. Muchos de estos factores se asocian a grandes porciones de alimentos. Por otro lado, se ha visto que la hora de comer (gen Clock) puede influir en el aumento de peso o en una mayor dificultad para perderlo.

Fármacos. Algunos medicamentos pueden favorecer el aumento de peso a través de diversos mecanismos: aumento del apetito, disminución de la tasa metabólica, bloqueo de la sensación de saciedad, aumento del tiempo de sueño, etc. Entre algunos de estos medicamentos se encuentran: antipsicóticos, antidepresivos, antihistamínicos, corticosteroides.

Metabolismo. El síndrome metabólico (caracterizado por un incremento de las LDL, un índice HOMA –resistencia a la insulina- elevado, presión arterial alta, hiperglucemia, exceso de triglicéridos, HDL baja) es un factor de riesgo de obesidad. Por otro lado, tener un metabolismo u otro (coas que depende mucho de la genética) puede hacer que se sea más o menos propenso a acumular grasa.

Hormonas. Las principales hormonas relacionadas con la obesidad son la leptina, la grelina y la insulina, de forma más directa. Existen muchas más. Pero existen muchas otras que, indirectamente se liberan cuando se activan los sistemas de recompensa (serotonina, dopamina, noradrenalina), esos por los cuales vamos a la cocina en busca de comida para sentirnos mejor (y no por hambre).

Masa muscular y adiposa. La cantidad de masa muscular y masa grasa corporal va a determinar que la tasa metabólica (es decir, la energía que el organismo consume en reposo), sea mayor o menor. El músculo favorece la eficiencia energética mientras que la grasa disminuye el metabolismo basal. Por otro lado, la cantidad de células que acumulan grasa (adipocitos) puede predisponer al sobrepeso. De hecho, al aumentar de peso se incrementa el tamaño y el número de adipocitos. Una persona que ha tenido sobrepeso u obesidad tiene más facilidad de aumentar de peso debido a que la cantidad de acumuladores de grasa que posee es mayor.

Disbiosis. La flora intestinal tiene una relación directa con la obesidad. Se ha observado que las personas obesas tienen un ambiente microbiano intestinal diferente, afectando a su diversidad. Esto se relaciona con mayor riesgo de obesidad, de resistencia a la insulina y la acumulación de grasa.

Psicología/Emociones. Muchos factores psicológicos influyen en la forma de comer. Cada vez es más frecuente recurrir a la comida como herramienta para gestionar una emoción (tristeza, enfado, ansiedad, aburrimiento, felicidad, etc). Es a lo que se llama comer emocional, mucho más común de lo que se cree. Si no se es capaz de gestionar estas emociones de forma adecuada y no recurriendo a la comida, se puede desencadenar en un trastorno de la conducta alimentaria y/o en obesidad.

Patologías. Enfermedades como hipotiroidismo, enfermedad de Cushing, síndrome de ovario poliquístico, síndrome de Pradder-Willi, síndrome de Bardet-Biedl, se asocian a un mayor peso y a obesidad.

Complexión individual. Existe susceptibilidad individual a padecer obesidad que depende, por un lado de la genética y por otro lado del sexo y la raza.

Es importante tener en cuenta, además, que todos estos factores están interrelacionados entre sí, y que aún queda mucho por descubrir al respecto. Por tanto, NO, no es tan sencillo como sumar y restar calorías.

obesidad obesogénico exceso de peso

Las personas con problemas de peso suelen ver afectada su autoestima, la imagen de su cuerpo, incluso la vida social, por lo que este tipo de comentarios, totalmente fuera de lugar, pueden llegar a agravar el problema más de lo que a usted le parece una simple frase (obviando, claro, que no es profesional sanitaria). Creo que además me comprenderá mucho más trabajando en un medio donde la imagen es importante, cánones que precisamente usted no cumple y no por ello es menos válida como periodista (no sé si lo será por otros motivos). Lo del amimefuncionismo no es un buen criterio periodístico.

Después de esto espero que pueda comprender mejor que una persona con exceso de peso no tiene menos rigor científico aunque hable de alimentación, al igual que un oncólogo con cáncer no ofrece un peor tratamiento por estar enfermo. Son cosas independientes.

Atentamente, de alguien que trabaja cada día para que este problema no se resuma  sólo una cuestión de sumar y restar calorías.

Alimenta tu felicidad.

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Vigorexia: moda

Vigorexia: moda

Hoy nos trae un post nuestro entrenador Manu Soto y nuestra psicóloga Cristina Andrades.

Antes de abordar este tema a fondo, es necesario realizar una breve descripción de lo que hoy en día conocemos por Vigorexia.

Evidentemente se trata de una adicción al ejercicio, un Trastorno Obsesivo Compulsivo que nos lleva a querer ejercitar nuestro cuerpo en cada momento. Por lo que hablamos de un tipo de trastorno de la conducta alimentaria (TCA).

Pero, ¿qué perfil tiene una persona que padece vigorexia?

Normalmente son personas que hacen mucho ejercicio físico, aunque el objetivo de estas personas no es hacer deporte para estar más sano, sino que lo transforman en una obsesión por construir más músculo. Suelen dedicar mucho tiempo al ejercicio por lo que se aíslan de la sociedad, del trabajo, incluso de la familia. Sólo tienen un pensamiento: ENTRENAR.

Según un estudio de Baile (2005) y Pope (2002) estas personas presentan una alteración de su imagen corporal en la que se ven muy delgados y débiles. Esto les lleva a mantener dietas estrictas y a utilizar fármacos perjudiciales para la salud.

En dichos estudios, se utilizó un cuestionario llamado “Complejo de Adonis” que consta de 13 ítems con 3 opciones de respuesta y en el que se valora el grado de preocupación que un sujeto siente por su apariencia física y hasta qué punto puede influir negativamente en los demás aspectos de su vida. Dependiendo de la puntuación que se obtiene, los datos dan una información directa de la imagen corporal que el sujeto tiene de sí mismo y en qué medida le afecta. Los resultados indicaron que una persona que presente altos niveles de vigorexia, suele tener bajos niveles de Extraversión, Apertura o Amabilidad, pudiendo deberse a la diferencia que existe entre cómo le gustaría verse y cómo se ve, de la misma manera que esa persona también pueda manifestar altos niveles de Neuroticismo, dimensiones que impiden tener un correcto desarrollo social.

Una solución que propone este artículo para erradicar la vigorexia es dar información sobre el modelo estético actual.

Pensamos que no sólo es necesario informar sobre el modelo estético actual sino que también es fundamental trabajar lo que aporta el deporte a la persona sobre el estado de salud, independientemente de que esté más o menos fuerte. Y vamos más allá aún: ¿qué lleva a la persona a tener esa preocupación excesiva por su físico a través del deporte? ¿Cuál es su motivación y su causa? ¿Qué emociones le conducen a tener esa obsesión? ¿De qué forma podemos ayudarla a establecer un punto de equilibrio entre la imagen corporal y la salud? Como siempre, la educación y entender a la persona es una parte muy importante de este abordaje. Por supuesto, esto requiere de un trabajo interdisciplinar importante.

El deporte es salud y debemos tenerlo presente siempre. Así como nuestras emociones están detrás de nuestras acciones; aprendamos a conocerlas.

Manu Soto & Cristina Andrades

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Salud en el Embarazo y la Lactancia

Por cuarto año consecutivo, he tenido la suerte de dirigir un curso dentro de los cursos de verano que organiza la Universidad Pablo de Olavide en Carmona. Desde que era estudiante he asociado los cursos de verano a materias que siempre me han interesado pero que con el ajetreo del día a día no podía hacer, y el verano era una fecha perfecta para acudir a estos cursos. No lo dudé entonces cuando, por primera vez vi la convocatoria y me decidí a presentar uno. Los 2 primeros años fueron de “Alimentación para celíacos”, el año pasado “Alimentación emocional: nutrición, genes y emociones” y éste “Salud en el embarazo y la lactancia: una apuesta de futuro”.


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¿Qué tienen de particular estos cursos?

Me gusta destacar que el marco donde se celebran estos cursos es incomparable. El Palacio de los Briones, una construcción de mitad del siglo XVI le ofrece un toque de romanticismo a estos cursos en un enclave precioso de la Campiña, Carmona, lo que hace que el alumnado se sienta relajado y pueda disfrutar de las ponencias y actividades propuestas.

Por otro lado, estos cursos son autofinanciados, lo que significa que quien los propone debe aportar el dinero suficiente para sufragar todos los gastos que ocasione impartirlos. La matrícula que pagan los alumnos es pequeña (unos 60 € por cursos de 2 días). Es decir, si tus ponentes vienen de otras provincias, tienes que conseguir financiación para desplazamientos, estancias, docencia, coffee breaks, material, etc. Tienes que hacer un trabajazo que, económicamente, no está pagado. Te lo puedo asegurar. Me acuerdo cuando anuncié uno de mis cursos en la pasada edición y tuvo que salir el típico “detractor” a decir algo como “Venga, a forrarse a costa de los alumnos”. No suelo entrar en polémicas en las redes sociales. Intento hacer mi trabajo lo mejor que puedo, desde la humildad y desde un punto de vista lo más científico y profesional posible. Hablar por twitter u otra red social es muy fácil porque se habla, en muchas ocasiones desde el anonimato o tras un perfil oculto, y muchas veces sin conocimiento de causa. Una pena que en lugar de ayudarnos entre compañeros (o callarnos si no compartimos lo que hacen otros), algunos se dediquen a criticar y tratar de desmontar el trabajo que muchos hacemos con ilusión, ganas y toda la profesionalidad posible. Perdonadme, yo no tengo tiempo para eso.

Para organizar un curso de verano tienes que:

  • Proponer una temática atractiva.
  • Crear un programa interesante.
  • Crear una memoria económica dónde se especifican TODOS los gastos (ponencias, viajes, comidas, material, etc)
  • Ponerte en contacto con los ponentes y coordinar.
  • Conseguir colaboradores (en caso necesario).
  • Planificar, comprar, elegir regalos o merchandising para el curso.
  • Coordinarse con los colaboradores para que manden el material y prepararlo.
  • Conseguir el coffee break, a poder ser saludable.
  • Difundir el curso por todos los medios posibles, pues la Universidad difunde los cursos de verano en general.
  • Recibir a los ponentes, presentarlos y moderar todas las ponencias.
  • Estar pendiente de que sus transportes estén bien, de que el taxi los recoja a su hora, etc.
  • Atender a las dudas, consultas y necesidades de ponentes y alumnos.
  • Presentar la memoria final de gastos y que todo cuadre.
  • Etcétera, etcétera, etcétera.

Y puede ser que, después de todo el trabajo (y os aseguro que son muchas muchísimas horas de trabajo y dedicación) no consigas un número mínimo de alumnos y no puedes dar el curso ¿de verdad se hacen estos cursos para forrarse?

¿Por qué realizo estos cursos?

No sabéis la satisfacción personal y profesional que me ofrecen este tipo de actividades, no sólo durante el curso en sí sino también a lo largo de su planificación. Desde el día que se me ocurre “Este año voy a hablar de embarazo y lactancia”, hasta que doy por clausurado el curso y los alumnos se acercan a felicitarme a mí o a cualquiera de los ponentes, disfruto de cada momento y lo hago con la mayor de las ilusiones. Es algo que no se puede pagar con dinero, y el que lo haya sentido alguna vez sabe de lo que hablo.

Cuando organizo estos cursos intento rodearme de los MEJORES, y cuando digo los mejores, me refiero a referentes en los temas a tratar y debatir. Personas respaldadas por un curriculum, por una larga trayectoria profesional o por su experiencia. Esto me regala conocer a grandes profesionales y seguir aprendiendo continuamente de los que más saben.

¿Y cómo me rodeo de los mejores?

Lo primero es saber de qué quieres hablar en el curso y cómo quieres que esté enfocado.

A continuación, tienes que buscar referentes en esa temática o temáticas similares. No siempre encuentras disponible un experto en algo muy concreto. Pero a veces puedes encontrar a alguien que sabe mucho, por ejemplo, de neuropsicología y que tenga la capacidad de darle el enfoque científico y divulgativo que quieres para el tema que te ocupa, por supuesto relacionado con su experiencia profesional.

Y cuando lo encuentras… ahora viene lo difícil: tienes que convencerle de que no se puede perder la experiencia de asistir a tu curso como docente (esto no suele ser muy difícil) y que su agenda cuadre con la del curso…. A veces es más complicado porque traer a determinadas personas no siempre es factible económicamente, por lo que hay que hacer muchas filigranas para cuadrar el cuadro económico, las fechas y los horarios de todos.

Cuando digo los mejores, me refiero a los mejores.

Cuando escribí el programa del curso pensé en todos los cambios cerebrales que sufren las mujeres cuando están embarazadas. Necesitaba a alguien referente en el funcionamiento del cerebro. Y quién mejor que la Dra. Mercedes Atienza, profesora titular de la Universidad Pablo de Olavide y codirectora del Laboratorio de Neurociencia Funcional. Más de 70 publicaciones relacionadas con la función cerebral, la memoria y las emociones. Mercedes nos contó los cientos de cambios hormonales que se producen durante el embarazo y la lactancia (“con este panorama, es fácil de entender que nos tachen de impredecibles”, dijo) y los cambios estructurales que ocurren en el cerebro en estas etapas, asociados a la percepción de la conducta maternal, al estrés o al estilo de vida, muchos de ellos aún por confirmar… Nos descubrió lo poco que se sabe sobre las emociones y el embarazo, y sobre la relación entre estar embarazada y que la memoria mejore (aunque el dato negativo es que a mayor número de embarazos, la memoria disminuye).

También necesitaba a un referente en nutrición, a ser posible dietista-nutricionista, que se preocupe por la alimentación del bebé y de su madre, de la lactancia, de la alimentación complementaria. Quería a alguien que hablara claro, que estuviera documentado y que si tiene que decir que tal producto no sirve para nada o sólo para vaciar tu bolsillo, que no le tiemble la voz. Tenía que traerme a Julio Basulto ¿Alguien tiene un candidato mejor? Es posible que algunos puedan tener otro candidato, pero para lo que yo trataba de transmitir a los alumnos de este curso, para mí no había otro mejor en estos temas. Julio, como siempre, desmintió muchas de las cosas que todavía se dicen en muchas formaciones oficiales (y no oficiales), sin pelos en la lengua, y utilizando los divertidos gifs y las fotos de su familia que caracterizan siempre sus charlas.

Para hablar del tema de alergias e intolerancias alimentarias en niños, un referente es el Dr. Alfonso Rodríguez Herrera, pediatra y gastroenterólogo especialista en alergias alimentarias. Profesor asociado de la UPO y pediatra en el Instituto Hispalense de Pediatría, con bastantes publicaciones y patentes en el campo de la alergología. Él era el candidato para hablar sobre alergias e intolerancias en el embarazo y la lactancia. Pero por motivos inesperados de agenda, no pudo asistir, por lo que fue perfectamente sustituido por uno de sus compañeros con el que trabaja codo con codo, el Dr. Joaquín Reyes, quien supo aclarar muchas de las dudas que se encuentran las embarazadas o lactantes cuando tienen alguna intolerancia o alergia, o bien cuando la tiene su hijo. “La madre no debe eliminar alimentos de su dieta si existe riesgo de alergia en el hijo, sólo es necesario en caso de diagnóstico claro de alergia, puesto que no previene del riesgo”.

Necesitaba un experto en trastornos de la conducta alimentaria. Y no me valía un dietista-nutricionista que trate un caso de TCA cada 50 pacientes. Necesitaba un experto de verdad, alguien que lleve más de 30 años tratando cada día con este perfil de pacientes. Y quien mejor que el Dr. Ignacio Jaúregui Lobera, médico, psiquiatra y psicólogo, y director del Instituto de Ciencias de la Conducta, con múltiples publicaciones y libros en el sector. Él nos contó que, a pesar de las pocas investigaciones que hay sobre el tema, muchas pacientes que se quedan embarazadas y tienen un TCA mejoran algunos de los síntomas del TCA durante la gestación, aunque tras el parto los recuperan, siendo este momento el que mayor miedo y riesgo de recaída presenta en estas pacientes por la necesidad de recuperar su cuerpo rápidamente. También nos habló de la pregorexia, el miedo extremo a engordar durante el embarazo.

PonentesCon el objetivo de abordar la parte más emocional asociada al embarazo y a la lactancia, necesitaba una psicóloga. ¿Cuántas veces hemos escuchado hablar de la depresión post-parto, del cambio de emociones durante el embarazo, del desplazamiento que recibe una madre desde el nacimiento del niño, y de un largo etcétera de problemas?. Para ello, invité a Cristina Andrades, psicóloga habilitada sanitaria, experta en psicodrama, experta en TCA y obesidad y especializada en alimentación emocional. Ella nos habló de cómo la maternidad puede afectar emocionalmente a la futura madre, tanto positiva como negativamente, al igual que puede ocurrir en el caso del padre, de parejas que adoptan niños o de parejas homosexuales. Se creó un interesante debate, cosa que me alegra porque el debate y el intercambio de opiniones es una de las mejores cosas que ocurren en estos cursos.

Durante el curso se mostraron datos de que las mujeres embarazadas no se cuidan tanto como creemos; para mí era necesario ofrecer a los alumnos alternativas saludables para que mujeres embarazadas lleven una mejor alimentación o los profesionales puedan recomendárselo. Para ello, necesitaba recetas saludables, sencillas, que cumpliera las necesidades nutricionales en esta etapa de la vida y que además fueran apetitosas, para realizar un taller de cocina. Laura Coto une a la perfección su formación como dietista-nutricionista y cocinera profesional para sacar el mayor partido a este taller, que sin duda fue todo un éxito.

¿Verdad que me he rodeado de los mejores?

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Necesito financiación. 

Existen varios tipos de patrocinios:

  1. La industria paga para publicitar o vender sus productos y las ponencias van dirigidas en su mayoría a defender los supuestos “beneficios” del producto que venden. Todo el evento defendiendo los productos que venden y los ponentes están a merced de estas marcas patrocinadoras. YO NO UTILIZO  este patrocinio porque en ese caso estaría dando una formación sesgada por la industria alimentaria. Cosa que, por supuesto, no comparto.
  1. El patrocinador tiene la oportunidad de dar una ponencia y hablar de un tema relacionado con la temática del curso. Cuando imparto clases en la Universidad o en otros lugares, me importa más que el alumno se haga preguntas y busque las soluciones (o las herramientas para buscar soluciones) o sus convicciones y que aprenda a saber discernir entre información buena y fiable o magufa y sensacionalista, a que se aprenda la asignatura de “pe” a “pa” y cuando termine la carrera no sepa ni lo uno ni lo otro. En el campo de la nutrición hay muchos cambios y nuevos descubrimientos casi a diario, y lo que hoy es lo mejor, mañana lo es menos. Este año, por ejemplo, hubo una ponencia en la cual se manifestó la innecesaria suplementación de hierro en embarazadas y se referenció, y hubo otra ponencia en la que se defendía la necesaria suplementación de hierro y también se fundamentaba. A partir de ahí, los alumnos se pueden quedar en simplemente alumnos o convertirse en profesionales. La riqueza de este tipo de eventos es también aprender a cuestionarse cosas, investigar y decidir los criterios que cada uno quiere seguir como profesional, siempre con el beneficio del paciente por delante.
  1. La empresa aporta material necesario para el curso, bien sea específico (por ejemplo, alimentos para un taller de cocina, material relacionado con la temática del curso) o general, como cuadernos, bolígrafos, bolsas, etc.
  1. Utilizar patrocinadores ajenos a la nutrición, lo cual supone un problema: es mucho más difícil encontrarlos, puesto que si el público del curso o evento no es cliente potencial se complica conseguir su participación. Aun así, algunas veces lo hemos conseguido con empresas de formación u otras disciplinas.

Yo no estoy en contra de los patrocinios ni tampoco los defiendo a muerte. Creo que siempre que no se sesgue la información, que pueda aportar algo (no tiene por qué ser económico) y que pueda servir para el debate y el aprendizaje, pueden resultar interesantes. A veces son necesarios para hacer ciertas cosas, aunque no siempre. Y a veces las entidades que mejor se adaptan a lo que tú quieres no pueden o quieren participar. Os aseguro que contacté con decenas (y no exagero) de entidades de todo tipo. Lo más importante para mí es que no transgredan las convicciones y que, sobre todo, tenerlos no implique tener que decir (o dejar de decir) ciertas cosas, es decir, que no implique sesgo alguno en ningún sentido.

Cómo disfrutamos organizando.

FB_IMG_1468936516239Como ya he comentado, me encanta organizar este tipo de actividades y disfruto de cada momento desde que la idea comienza a rondar en mi cabeza… Este año teníamos un Photocall para que los alumnos pudieran hacerse una foto y poder compartir con sus amigos y familiares a través de las redes sociales. Entre todos los que participaron hicimos un concurso y la ganadora, Laura Ramos, se llevó un pequeño obsequio.

Son muchos momentos los que te hacen disfrutar; desde contactar con alguien que tienes mucho interés en que asista como ponente y consigues cuadrarlo todo para lograrlo, hasta saber que has superado todas las expectativas en el números de alumnos en el curso, pasando por ver esa sala llena de personas muy atentas y con ganas de aprender nuevas cosas, o cuando se cuestionan cosas que llevan a un debate de intercambio de ideas…

Pero, sin duda, el momento de mayor satisfacción es cuando te dicen que han aprendido, que les ha encantado y cuando a muchos de ellos los vuelves a ver al año siguiente… Ese, ese, es el verdadero motivo por el que hago estas cosas.

Y cómo no, las gracias

No puedo terminar estas líneas sin dar las gracias, porque estas cosas, este curso, no se hacen sólo con el trabajo de uno, sino con el esfuerzo de muchos.

Gracias a todo el personal de la Sede Olavide en Carmona, que cada año confían en mí y me ofrecen la oportunidad de impartir un nuevo curso. Su dedicación, su buen hacer, su hospitalidad, su amabilidad y su gran disposición y ayuda siempre son indispensables para que todo salga bien. ¡Gracias a todos ellos!

Gracias a todos los ponentes por hacer un hueco en sus agendas y venir hasta Carmona (algunos por segunda vez y otros desde lejos) para compartir sus conocimientos y su entusiasmo por su trabajo con todos.

Gracias a los alumnos por inscribirse y participar activamente en el curso. Lo que hace que un curso sea más o menos interesante no son sólo los ponentes sino que son sin duda los alumnos, que lo enriquecen con sus aportaciones, preguntas, comentarios, ideas, debates, cuestiones… Compartir conocimiento es enriquecer una profesión.

Gracias a todos los que han hecho posible, de una forma u otra, la organización y el desarrollo del curso. En especial a Antonio Cárdenas y a Nora Cárdenas, que han soportado mis ausencias y horas de trabajo (sobre todo los fines de semana), recibiéndome siempre con una sonrisa. Gracias por vuestro apoyo incondicional, siempre.

Todos los granitos de arena son los que al final forman la duna…

Nos veremos el año que viene!!

Griselda Herrero

Alimenta tu felicidad

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Publicidad emocional

Como si fuéramos un trapo. La publicidad utiliza a las mujeres a su conveniencia. Ya lo comentábamos hace unos días en este post de Facebook. Pero es que, además, nos envía mensajes contradictorios. En un anuncio te dice que debes cuidar tu línea y en el siguiente que te liberes y que unos kilitos de más tampoco importan. ¿En qué quedamos? Y esto tiene sus consecuencias. A ellos no les importas por muy bonito que te lo pinten y tú lo puedes pagar caro. Durante los minutos de publicidad en televisión te puede pasar lo siguiente:

Portada Publicidad Emocional

Anuncio 1: Donuts y Mr Wonderful: “Hoy es un buen día para sonreír”. Mensaje oculto: Pasa de todo, te lo mereces.

Anuncio 2: Judith Mascó y Hornimans: “Libera toxinas: plan DETOX”.

Mensaje oculto: No pases de todo, debes cuidarte y estar perfecta.

Anuncio 3: Magnun doble: “Libera la bestia que llevas dentro”.

Mensaje oculto: Pasa de todo, deja que tus emociones fluyan.

Anuncio 4: Tortitas Bicentury: “Cuídate y dale sabor a tu cuerpo”.

Mensaje oculto: No pases de todo, adelgaza para sentirte bien.

Anuncio 5: Chocolates Valor: “Placer adulto”.

Mensaje oculto: Pasa de todo, eres adulta y no debes privarte del placer de comer.

Anuncio 6: Campofrío y las mujeres. Este es especial, porque en el mismo anuncio hay contradicción. Pasa de todo y defiende los derechos de la mujer y la conciliación familiar. No pases de todo y recuerda que debes mantener un cuerpo perfecto, comiendo pavofrío y sin estrés (en un bar que se llama Deliciosa Calma).

Y como este ejemplo, tu día está lleno de mensajes contradictorios que provocan que, más allá de establecer una fuerte asociación entre ciertos alimentos y la belleza o la felicidad, muchas veces llegan a conseguir que no sepas lo que quieres. ¿Alguna vez te has preguntado qué ejemplo le estamos dando a nuestros hijos? Ellos también perciben estas diferencias sociales, los roles autoimpuestos y las asociaciones emocionales con ciertos alimentos (para las mujeres todo rosa y dulce –asociado a salud, bienestar y belleza–, para los hombres, coches, deportes y cerveza –asociado a ego, libertad y poder–).

Diapositiva 1

Todos sabemos que en publicidad se ponen en juego las emociones, sentimientos y creencias de los consumidores. Es una estrategia de mercado, pero ¿qué ocurre cuando a raíz de este juego estamos provocando falsos mitos, ideas erróneas, problemas alimentarios, distorsiones corporales…?

Este tipo de publicidad nos invade… Da igual que no pongas la televisión, nos bombardean por la radio, el periódico, los anuncios en carreteras con vallas publicitarias, en la parada de autobús, los propios autobuses, el cine y así hasta nombrar casi todo el contexto que nos rodea en el día a día.

Este otro post que escribimos hace poco, abrió camino para organizar un taller especial en las sesiones grupales que realizamos periódicamente. Animamos a todos los participantes de estas sesiones a observar y anotar a lo largo de una semana toda la “publicidad emocional” referida a hábitos alimentarios que vieran. Los resultados fueron alarmantes.

Dicen que si no puedes con el enemigo, únete a él; por ese motivo nos unimos al enemigo fomentando la búsqueda de esta publicidad, animando a ver anuncios esa semana… pero con el objetivo de lograr el efecto contrario: realizar un análisis crítico de la publicidad, de la educación, para romper tópicos irreales y tomar consciencia sobre lo que vemos.

Empezamos la sesión con una canción: “Yo soy aquel negrito….” Seguro que has continuado cantándola, todos la sabemos, todos la cantábamos y nuestras abuelas y madres creían que como decía la canción:

“Las múltiples cualidades de este producto ejemplar. Es el Cola Cao desayuno y merienda, es el Cola Cao desayuno y merienda ideal, Cola Cao. Lo toma el futbolista para marcar goles, también lo toman los buenos nadadores, si lo toma el ciclista se hace el amo de la pista y si es el boxeador golpea que es un primor.”

El efecto mágico de la canción también lo vemos actualmente en las nuevas galletas Oreo.

Las mujeres, desgraciadamente, somos un blanco muy llamativo. La gran mayoría de publicidad nos la dedican a nosotras, nos muestran mujeres con diferentes roles “exitosos” y que tienen su vida más fácil, cómoda, feliz y saludable con productos específicos.

Aquí os dejamos una imagen con las frases promocionales que se han recogido durante una semana a través de anuncios de televisión. Comienza el bombardeo:

Imagen 2

Pero no sólo nos llegan por televisión; también lo vamos a seguir viendo en vallas publicitarias, productos, en el cine, en las series, etc. ¿Cuántas veces has visto comer helados cuando ocurre alguna “tragedia” amorosa en las películas?

Este constante bombardeo nos ayuda  a la creación de asociaciones inadecuadas entre la comida y las emociones, a la vez que nos venden (por lo general) imágenes corporales irreales, logros deportivos de élite, y diferentes metas inalcanzables para una gran proporción de la población. ¿Qué se puede cocer debajo de todo esto? Pues probablemente problemas de autoestima, inseguridades, insatisfacciones, frustraciones, problemas alimentarios (por infrapeso o sobrepeso), lesiones deportivas, búsqueda de metas (inalcanzables o irreales) a corto plazo… y así podríamos continuar hasta un lista interminable de desajustes emocionales y consecuencias físicas.

Por este motivo, os animamos y motivamos a OBSERVAR y ANALIZAR.

Observa lo que te rodea.

Observa lo que te venden y analízalo con la realidad.

Observa las competencias entre marcas.

Observa y busca opiniones de profesionales.

Y lo más importante,

Obsérvate a ti mismo/a.

¿De verdad necesitas lo que quieren hacerte creer que es imprescindible para una vida ideal e irreal?

 

Cristina Andrades & Griselda Herrero

Alimenta tu felicidad

 

Queremos agradecer y dedicar este post a los componentes del grupo, cuyo trabajo realizado tanto en la búsqueda de mensajes emocionales como en el posterior análisis y trabajo crítico realizado en el taller. Nuestra enhorabuena a todas/os.

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En ocasiones me ofrecen dulces

Hace unas semanas, mi hija salía del colegio con una enorme gominola en forma de cara de Minnie Mouse, más grande que su mano, que se la había regalado un compañero (más bien, sus padres, porque parece que somos mejores padres mientras más grandes son las chucherías con las que “compramos” a nuestros hijos). Tenía preparada en casa su merienda, y yo siempre trato que sea lo más saludable posible pero, ¿cómo le explico a mi hija que esa chuchería que le han regalado en el colegio no es lo mejor para ella, si viene con una de sus muñecas preferidas y además se lo han dado en el cole? De esta reflexión que colgaba en las redes sociales surgió este post, para lo que me puse en contacto con mis colegas, Melissa Gómez (@nutrikids) y Victoria Fagundez (Vik_Fagundez) para que entre las tres intentáramos transmitir nuestra visión de este problema que cada vez es mayor: EL AMBIENTE OBESOGÉNICO QUE NOS RODEA.

CHUCHE

No sé hasta qué punto somos conscientes del bombardeo continuo de mensajes que recibimos a lo largo del día y de lo difícil que nos lo pone la sociedad en la que vivimos si queremos llevar una vida de lo más saludable posible. Si hay dos frases que detesto son:

  1. “Hay que comer de todo”.

No hay que comer de todo, porque comer de todo también incluye comer galletas,  comer bollería, comer alimentos refinados o comer toda la “fantástica” gama de productos (no alimentos) que se nos ofrece en un supermercado, y

  1. “Una vez al año no hace daño” o “Total, por una vez no pasa nada”.

Estas frases podrían ser ciertas si se tomasen tal cual (es decir, una vez al año de verdad), pero sabemos que una vez al año es engañarnos a nosotros mismos. Hoy es “una vez” dulce, mañana “una vez”  refresco, pasado “una vez” dulce porque es un cumpleaños, el sábado “una vez”  cerveza porque estoy harto de trabajar y me lo merezco, el domingo “una vez” porque para un día que salgo, y así un largo etcétera que seguramente reconocemos y que invalida el valor de la frase.

¿A qué llamamos ambiente obesogénico?

Según Victoria Fagúndez, Dietista-Nutricionista, el ambiente obesogénico hace referencia a los “actores del entorno de las personas que contribuyen en cierta manera, a llevar un estilo de vida u otro y que pueden influir en el aumento de las tasas de obesidad. El sedentarismo y una mala alimentación hace que a ella le guste llamarlo “ambiente de la comodidad”. Para Melisa, también Dietista-Nutricionista y especializada en nutrición infantil, el problema va más allá y, además de los mensajes que se transmiten a diario por los medios de comunicación, que sin duda buscan el deseo de comer, piensa que “la sociedad también ejerce determinadas presiones que nos invitan a comer, en muchas ocasiones de más, contribuyendo a que vivamos inmersos en una cultura que promueve el sobrepeso.”

Para mí el ambiente obesogénico es un bombardeo de factores que confunden a nuestra mente, poniéndonos muy difícil a veces llevar a cabo la buena intención de ser saludables, desde el colegio a las tiendas, a los mensajes publicitarios, a la forma de expresarse de personas de referencia, al ejemplo que vemos en las personas que nos rodean, a los títulos de los libros, a frases de canciones, y un largo etcétera del que pocos pueden (o podemos) salvarse…

¿Están los niños también inmersos en un ambiente obesogénico?

Cada día vemos menos niños jugando en un parque y más delante de un ordenador, móvil o tablet, solos, sentados y moviendo únicamente los dedos y los ojos. A esto le debemos sumar las horas que pasan sentados en el aula, el tiempo de los deberes y de las actividades extraescolares, según nos comenta Victoria Fagúndez. Los horarios y el entorno hacen que siempre vayamos con prisa a todas partes y nos plantea estas preguntas: ¿Cuántos niños van caminando al colegio cada día y cuántos van en coche o en transporte público al que acceden a pocos pasos de sus casas?

Sin darnos cuenta estamos educando niños sedentarios, que le dan poco valor a una manzana o que prefieren estar frente a la caja tonta antes que salir a jugar con sus amigos (¿amigos?, ¿ésos no son los de los juegos de la Play o de la Nintendo?) que serán la sociedad del futuro. ¿Es eso lo que queremos? ¿Una sociedad antisocial, estática y enferma? Porque entre todos es lo que estamos consiguiendo… Y, por suerte o no, no creo que nosotros lo veamos, pero os aseguro que seguir por este camino nos conducirá a ello.

¿Fomentan los amigos y familiares este ambiente?

Según palabras de Melisa, “cuando alguien dice que quiere cuidar su alimentación, inmediatamente es juzgado y animado a abandonar su propósito. En la nutrición infantil se ve mucho cuando alguna madre lleva frutas como merienda a alguna reunión y recibe comentarios como “pobre tu peque que no le das un cruasán de chocolate con lo bueno que están”. Esto muchas veces motiva a las madres a dejar de lado su propósito de mantener buenos hábitos en eventos sociales.”

Incluso ha podido constatarlo cuando anima a las familias a dejar de consumir bebidas chocolatadas a diario y recibe frases del tipo “es que así se ha hecho siempre y no me parece que sea problema ninguno”. Es más sencillo ceder a la presión y “hacer lo que todos hacen” que ir en contra de la corriente y promover el cambio. Pero esta acción viene con un precio muy alto que es el de enfrentarnos a la terrible noticia de que, por primera vez, nuestros hijos posiblemente vivirán vidas más cortas que sus padres.

¿Hasta dónde llega esta influencia y bombardeo de mensajes sobre nuestra alimentación?

La televisión, la radio, las redes sociales y la constante publicidad hace que estemos todo el día recibiendo estímulos obesogénicos. Tal vez no seamos conscientes de la cantidad de mensajes que recibimos durante el día y que, a primera vista pasan desapercibidos, pero te puedo garantizar que en tu cerebro no pasan por alto. La publicidad, cuando no funciona, desaparece. Por tanto, si vemos un anuncio muchas veces es porque su anunciante está consiguiendo su objetivo: vender. A continuación, detallo en esta imagen la cantidad de mensajes que recibió mi hija a través de la radio, televisión, carteles publicitarios y personas conocidas (abuelos, amigos, compañeros, etc.) el pasado 5 de Abril.

5 Abril Nora

Para la dietista-nutricionista Fagúndez, “encontramos saturación de información y estímulos relacionados con comida insana dirigida a niños a cada paso que damos: marquesinas de autobuses promocionando patatas fritas, estaciones de metro empapeladas con galletas cargadas de azúcares, carteles publicitarios anunciando eventos deportivos patrocinados por la industria de bebidas azucaradas, imágenes de deportistas de éxito consumiendo postres lácteos con su correspondiente exceso de azúcar y de grasas; establecimientos de fast-food publicitando su correspondiente relleno de bebidas cuantas veces se quiera incluido en el precio y sus “cajitas felices” con sus hamburguesas y sus juguetes de regalo, los formatos ahorro, y un largo etcétera.” Aquí te muestro un ejemplo:

Vick_Anuncio publicitario en el andén de metro de madrid

Mensajes directos que puede recibir un niño a lo largo del día

La industria alimentaria, con su publicidad, transmite mensajes directos, atractivos e irresistibles, pero nuestras acciones y muchos mensajes que damos a los niños también están en la misma línea. En la imagen puedes ver mensajes que transmitimos diariamente.

Niño y mensajes

¿Qué podemos hacer para mejorar este ambiente que rodea a nuestros hijos (y a nosotros mismos)?

Victoria Fagúndez nos da algunos consejos:

  1. Romper con el hábito de dar de desayunar leche con “Cacao” (o mejor dicho, azúcar color chocolate) y sus cereales de desayuno.
  2. Dejar de meter palmeritas y otros dulces de esta clase para el recreo.
  3. No premiar a la salida del colegio con más dulces o zumos industriales.
  4. Romper con el pensamiento “por una vez no pasa nada”.
  5. No ofrecer a nuestros hijos alimentos superfluos.

Por otro lado Melisa nos propone romper igualmente con algunos estereotipos que tenemos implantados y optar por opciones más saludables como alternativas para el desayuno y la merienda:

  1. Realiza una compra informada y consciente: Comprar después de comer, y con una planificación bien hecha.
  2. Evita comprar productos de pobre calidad nutricional. El producto que no se vende se retira del mercado.
  3. Sé agente de cambio y cuando acudas a reuniones, aporta una rica ensalada o frutas para el postre.
  4. Antes de ceder a un antojo, pregúntate si realmente tienes hambre y si puedes sustituirlo por una opción más saludable.
  5. Utilizar leche entera de vaca sin endulzantes ni chocolate o yogur natural. Antes de que nos comenten que “así es la única forma posible de que tomen leche los peques” les diría que prefiero que tomen agua con el desayuno y ya nos ocuparemos de ofrecer lácteos en otra comida o de buscar fuentes alternativas de calcio y proteínas.
  6. Tostadas, tortitas o barritas de avena hechas en casa según el tiempo del que dispongamos: en 5 min. alistamos unas tostadas con tomate y aceite o con aguacate o con humus y pepino.
  7. En lugar de cereales azucarados, anímate a probar otros alimentos: quinoa, semillas de chía o avena con leche o bebida vegetal + frutas,  mijo o amaranto hinchado son algunas opciones.
  8. Deja que el toque dulce lo aporte la fruta.
  9. Para las meriendas:

– No habrá mejor opción que ofrecer a tu peque una merienda con fruta: además de fáciles de preparar serán mucho mejores que una galleta o bollería. No siempre tendrán que ir enteras, pueden utilizarse para preparar helados, purés, postres como manzana al horno, entre otros.

– Atrévete a incluir vegetales como en la imagen 😉

– Evita los zumos procesados y prepara un rico #refrescocasero

DesayunosRefresco casero

 

Después de un trabajo de observación a lo largo de varias semanas, hemos recopilado 15 factores obesogénicos que nos encontramos a nuestro alrededor.

Existen muchos elementos en nuestra sociedad que utilizamos a diario y son promotores obesogénicos. No nos damos cuenta. Los tenemos interiorizados y los denominamos como “adelantos” o “comodidades” de la sociedad, y precisamente producen ese efecto, que nos acomodemos y entramos en una dinámica más sedentaria. A continuación, voy a enumerar algunos elementos de la sociedad que fomentan el sedentarismo y hábitos de vida no saludable.

  1. El ascensor o las escaleras mecánicas.

Cuando entras en un centro comercial, en el metro o en algún edificio, en la mayoría de los casos te encuentras fácilmente con el ascensor o las escaleras mecánicas. Con esta medida se trata de facilitar el acceso hacia las zonas de compra sin dificultad. En algunos casos, es realmente difícil encontrar la escalera. Parece como si no quisieran que sepamos que existen!

Alternativa: Cuando entres en un edificio o centro comercial busca siempre la escalera o escalera de emergencia, y sube o baja por ella. Estarás realizando actividad física. Además en caso de emergencia, serás de los pocos que sabes cómo evacuar el edificio rápidamente. Si no tienes otra opción que tomar las escaleras mecánicas aprovecha y sube o baja andando.

  1. El coche u otros medios de transporte motorizados.

No sé si os habéis dado cuenta, pero me llama mucho la atención ver la puerta de los colegios llena de coches con los padres recogiendo o dejando a sus hijos. Si tenemos coche, lo utilizamos hasta para tirar la basura, y no exagero. ¿A que te has encontrado en alguna ocasión a tu vecino, amigo, familiar o desconocido con la bolsa de basura colgada del espejo retrovisor?

Alternativa: Deja el coche bien aparcado y pasea. Lleva a tus hijos andando o en bicicleta (las ciudades cada día están más adaptadas). Si cuando vas a comprar, la compra es pequeña puedes ir caminando con ella y si la compra es mayor, puedes utilizar un carro de la compra. Por muy retirado que vivas del contenedor de residuos, no hay más de 100-150 metros desde tu casa. Es muy triste ir en coche por mucha prisa que tengas. No intentes aparcar en la misma puerta de tu destino. Deja el coche más retirado y pasea. ¿Llegas tarde? La planificación es muy importante y salir antes de casa te permitirá el paseo que te propongo.

  1. El “Todo incluido” en los hoteles y viajes.

Llevas todo el año trabajando o estudiando, con miles de problemas. Llegan las vacaciones y quieres desconectar y optas por una opción de hotel en régimen de “todo incluido”, es decir, todo el día tumbado y sólo te levantas para comer. ¿De verdad desconectas? También visitas ciudades y lo haces en el típico “bus city tour” y en un día tienes vista la ciudad (una menos!) mientras vas comiendo dentro del autobús.

Alternativa: Te propongo viajes activos, escapadas saludables, “patearse” las ciudades, buscar bares y restaurantes típicos de la zona, descubrir los rincones escondidos de cada sitio. Con estas acciones estarás más activo y conocerás mejor los lugares que visites, además de hacer viajes más originales y únicos (porque serán los tuyos).

  1. El concepto “fast food”.

Ya el concepto me parece horrible: “comida rápida” y a otra cosa, como si fuésemos a salvar el mundo un rato después. Y peor me parecen las ofertas “por 1€ más, bebida y patatas grandes”. ¿Para qué? ¿Para sentirte más lleno? ¿Para decir delante de tus amigos que tú puedes con más cantidad? Yo no sé tú, pero yo no veo ningún beneficio.

Alternativa: Primero no me parece necesario acudir a estos establecimientos y ante la pregunta de mayor consumo por 1€ es tan fácil como denegar la propuesta. ¿No has decidido y pensado ya lo que ibas a comer? Pues eso, que nadie te convenza de otra cosa. Y no te puedo proponer que en estos establecimientos optes por opciones más saludables porque no las vas a encontrar. Nooo, la ensalada no es la opción más saludable. Es más, “opción saludable” y “fast food” no pueden estar en la misma frase.

  1. El formato de los productos en supermercados.

Los formatos “ahorro” o “familiares” producen precisamente el efecto contrario: que comas y consumas más.

Alternativa: Intenta comprar en lugares que puedas llevarte la menor cantidad posible (un yogur, una manzana o comida al peso), pudiendo así comprar lo que necesitas y no más. Si no tienes más elección que optar por estos formatos ahorro, intenta dividirlos y congelarlos. Y trata siempre de planificar bien las comidas antes de ir a comprar.

  1. Los productos light.

Light significa más ligero. Es decir, que deben tener al menos 30 % menos de calorías que el mismo producto que no sea light. Por un lado, estos productos no son de calidad nutricional puesto que si les quitan azúcar normalmente llevan más grasa (y viceversa) para que sigan estando ricos y los compremos. Y por otro lado, al ser light provocan que sintamos que podemos comer más cantidad (bien de ese mismo producto o de cualquier otro, porque “como me lo he comido light”…). Conclusión: al final el efecto es consumir más cantidad de un producto que no debería formar parte de nuestra alimentación habitual, porque, ¿alguna vez has buscado un kiwi light? Solemos buscar cosas light cuando consideramos que no son muy sanos, verdad?

Alternativa: trata de no consumir alimentos light, ni sus homólogos calóricos. Y si lo haces de forma ocasional, elige los últimos.

  1. Estrategias de restauración para atraer clientes.

No sé si habréis visto o estado alguna vez en algún restaurante donde todos los platos son gigantes (había una cadena hace unos años donde hasta el lápiz de firmar la cuenta era enorme) o en sitios donde te animan a comer exageradas cantidades de comida, premiándote con no pagar si eres capaz de comértelo todo…

Alternativa: elige sitios donde las raciones y tamaños sean más adecuados y en los que puedas elegir de forma saludable.

  1. La TV, los videojuegos y las compras por internet.

La televisión y los videojuegos provocan que pasemos muchas horas parados y sentados y en muchas ocasiones comiendo. ¿Sabes que en época de grandes eventos como mundiales u olimpiadas se incrementa el consumo de aperitivos? Por otro lado, comprar por internet hace que pasemos bastante tiempo buscando el producto a comprar y después sólo tienes que esperar sentado a que te lo traigan a casa.

Alternativa: Predetermina un horario y un tiempo de televisión o videojuegos y respétalo. Las compras por internet puedes hacerlas, por supuesto, pero te propongo que primero pasees y busques por las tiendas aquello que necesitas para ti o para regalar.

  1. Fecha de caducidad próxima.

Una fecha de caducidad cercana hace que consumamos mucho más por el miedo a que caduquen. Si le unimos el formato de los productos que comentábamos en el punto 5, hace que estemos ante una ingesta bastante mayor a diario.

Alternativa: usa formatos pequeños y con fechas de caducidad más tardías (excepto los alimentos frescos). Ante una fecha de consumo preferente, no tengas miedo, bajará la calidad del producto, pero no afectará a tu salud. Si ves que te va a sobrar, congela. Y si te planificas bien, no tendrás necesidad de estar tan pendiente de las fechas de caducidad.

  1. Mesas y sillas en colegios y trabajos.

Los colegios y centros de formación o de trabajo están diseñados para que te lleves toda la jornada sentado y con descansos para comer (recreo en el caso de colegios).

Alternativa: Practica deporte, acude andando al resto de tareas que tengas que realizar y muévete.

  1. El ejemplo de amigos y familiares.

Si tus amigos y familiares tienen malos hábitos alimentarios y son muy sedentarios va a provocar que tú puedas contagiarte fácilmente. Es conocido como efecto dominó, y como para colmo el resto de la sociedad no ayuda, como estamos viendo, pues nos encontraremos en una tesitura bastante compleja.

Alternativa: Intenta con tus hábitos producir el efecto contrario. Si te alimentas bien y practicas deporte, te encontrarás mejor, mantendrás tu peso y tendrás más vitalidad. Quién te rodea te verá bien y es posible que tú seas el modelo a seguir. Pero no insistas ni provoques, producirás el efecto contrario y presionarás. Sigue en tu línea y deja que surja solo.

  1. Cumpleaños y fiestas.

En cumpleaños y fiestas, la ofertas de alimentos innecesarios es amplia y es difícil resistir la tentación que te provocan y la incitación de amigos y familiares.

Alternativa: Cúrratelo y aporta alimentos saludables, preparaciones originales y apetecibles. Mezcla colores y sabores y aporta ensaladas u otras opciones hechas por ti. Sorprenderás.

  1. Precio económico de alimentos superfluos.

El hecho que una bolsa de croissants cueste más barato que unos plátanos, hace que optemos por opciones menos saludables. Tal vez, el Gobierno, podría poner más de su parte y ayudar a la población pero ese es otro tema.

Alternativa: Consume productos de temporada y de producción cercana. Este hecho abaratará sus precios y el impacto medioambiental.

  1. El poder de asociacionismo

¿Cuántos productos destinados a niños llevan algún sello de asociaciones o sociedades científicas que, a pesar de decir ellas mismas que no lo avalan, están en primera página del envase? Esos sellos que sólo confunden a las madres y padres y promueven el consumo de dichos productos, con la intención de parecer más sanos al estar “avalados”…

Alternativa: Trata de no fiarte de etiquetas y mensajes saludables en productos… Jamás encontrarás un mensaje de “Rico en omega 3” en una rodaja de salmón.

  1. Frases lapidarias.

Utilizar muchas frases que utilizamos y que dirigimos a nuestros hijos hace que sin darnos cuenta los estemos educando en un entorno más sedentario. “Para un rato”, “estate quieto”, “no te quiero verte mover en toda la tarde” y “mañana empiezo” son algunos ejemplos.

Alternativas: Construye frases siempre en positivo. Los niños necesitan correr, saltar, jugar, etc. Dales libertad, sobre todo de movimiento.

Estos son algunos ejemplos, pero podrás observar muchos más. Si quieres puedes dejarnos alguno en los comentarios, eso sí, tal como hemos hecho nosotros, te invitamos a que nos des también la alternativa para contrarrestar este factor obesogénico.

Y ahora, ya puedes levantarte de la silla, apagar el ordenador y salir a dar un paseo mientras te comes unas fresas.

 

Griselda Herrero

Alimenta tu felicidad

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Palabras que dañan el alma

Hay palabras que adquieren un increíble poder cuando son pronunciadas. Herir, dañar, activar una cadena de pensamientos negativos, retroceder todo lo avanzado, inseguridad…, son solo algunos de los efectos que estas palabras pueden tener en personas que sufren un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) o que aún no lo presentan pero padecen factores de riesgo predisponentes.

No es necesario que estas palabras sean pronunciadas en un contexto negativo ni con una intención concreta, es más, en numerosas ocasiones se emiten como un intento de apoyar y animar a la persona que sufre un TCA. Pongamos diferentes ejemplos; pero para ello debemos diferenciar entre los distintos momentos en que tiene lugar la aparición de un TCA.

Cuando se comienza a perder peso, aunque aún no es evidente una pérdida desmesurada, las pacientes (y digo “las” porque en su inmensa mayoría son de sexo femenino) suelen recibir comentarios “positivos” que en ellas actúan como reforzantes para continuar profundizando más en sus conductas patológicas. Por ejemplo:
– ¡Qué guapa estás!, ¿estás perdiendo peso?
– Qué fuerza de voluntad tienes ¡es admirable!
– ¡Ya me gustaría a mí tener el tipo que estás cogiendo tú!

Una vez que la pérdida de peso continua más allá de lo que “aparentemente es saludable” los comentarios se tornan negativos:
– ¡Deja de perder peso ya, te estas quedando en los huesos!
– Antes estabas más guapa, con unos kilitos de más.
– Parece que estás enferma.
– Anda come algo que falta te hace.

psico 1

En este punto del proceso, el efecto negativo de estos comentarios tiene dos consecuencias principales:
1. Por un lado, incrementa la restricción y/o compensación que se esté realizando. Principalmente, esto ocurre porque consideran que se les dicen esos comentarios únicamente porque se busca su curación de la enfermedad y a su vez que “engorde”.
2. En segundo lugar, se rechaza socialmente a las personas que suelen realizar este tipo de comentarios; por lo cual, se aíslan más en ellas/os mismos y se tiene una menor percepción de apoyos externos.

Continuemos avanzando en el progreso de la enfermedad y pasamos a continuación a la fase en la cual la persona está comenzando a mejorar y a ganar peso:
– Ahora sí que estas guapo/a.
– Así, un poco más gordita estás mejor, no tan delgada…
– Con una tallita más se te ve mucho mejor.

Volvemos a lo anterior, en este momento estos comentarios tambalean el equilibrio emocional que el paciente está buscando y que aún no ha conseguido alcanzar. Se encuentra en un periodo de recuperación donde es fácil que se active la cadena de pensamientos negativos con cualquier estimulo relacionado.

Es labor de la figura del psicólogo, preparar al paciente para afrontar este tipo de comentarios. Forma parte del tratamiento el reforzamiento en habilidades sociales, estrategias de afrontamiento, etc.
Sin embargo, el bombardeo a las características físicas es algo muy común en nuestra sociedad y si sumamos los comentarios de familiares y amigos, resulta increíble el esfuerzo que la persona debe realizar para que no le influyan. Así, utilizar palabras como “gordo” o “peso/talla” fomenta la asociación negativa entre el peso y la imagen corporal de uno mismo, que es precisamente una de las cosas que se trata de romper. Sin querer, se les incita a pensar que está más guapa/o cuando estaba más gordita/o, justo lo que intenta evitar. Es por ello que este tipo de comentarios, lejos de ayudar a la persona que está pasando por un TCA, puede dar lugar a un empeoramiento en su evolución y tratamiento.

Por este motivo, tengamos especial cuidado con las palabras… y no solo frente a pacientes que tienen TCA o que presentan riesgos de padecerlo; sino en nuestra sociedad. Las palabras peyorativas o el supuesto refuerzo en referencia al físico de las personas están a la orden del día. Hace poco hablábamos de las denuncias a las páginas pro “Anas” y pro “Mías” pero no es necesario hacer referencia a esas páginas como factores que fomenten los TCA; sino que encontramos camuflados en nuestra sociedad, y cada vez más, posturas que lo fomentan: ¿Qué ocurre con los comentarios realizados a diversas figuras televisivas sobre su supuesta “gordura”?, ¿Por qué continúan en las pasarelas grandes restricciones en referencia al físico obligado a las modelos?, y, como como hablaba hace poco el Huffington Post: ¿qué está pasando con la pornograficación del fitness?. Nos queda mucho por luchar, y nuestras miras tienen que empezar en nosotros mismos y extenderse hasta toda la sociedad.

Hasta ahora se han realizado numerosos intentos por cambiar a la sociedad en estos aspectos, sin embargo, ¿no sería más fácil intentar cambiar nuestra forma de responder a la sociedad? Realizar programas de prevención primaria a mayor escala en colegios (cada vez son necesarios en edades más tempranas), que permita que se realice una labor psicológica de preparación para saber responder de forma adecuada a la sociedad, donde los niños y niñas se verán inmersos en un futuro; desde los hogares se debe fomentar la comunicación con los hijos, reforzando la autoestima y el autoconcepto en los colegios a través de educación emocional… etc.

no te escucho
Si no podemos cambiar la sociedad tan rápidamente… pues preparemos a los más pequeños para enfrentarse a ella mientras dura el proceso de cambio.

Cristina Andrades
Psicóloga de Norte Salud Nutrición

 

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¿Y si te digo que es mejor “permitirse” que “prohibirse”?

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Sí, la cara de espanto después de leer el titulo puedo entenderla; pero déjame que te cuente la razón para hacerte esta recomendación.

Antes de empezar aclararemos algunos conceptos básicos:

Todos podemos prescindir de algunos productos, no alimentos, sino PRODUCTOS que se encuentran en supermercados o tiendas de alimentación, lo que no significa que sean alimentos. Pero no podemos prescindir de ALIMENTARNOS, puesto que es necesario para nuestra salud y supervivencia. Comer, hay que comer.

Prescindir de un ALIMENTO que nos gusta (sin razón justificada), carece de sentido. Es un alimento, no es veneno; y no vas a pasarte la vida prescindiendo de ello ¿verdad?. (No te enojes aún conmigo…déjame que te explique). No debemos prescindir de relacionarnos SOCIALMENTE, puesto que es bueno para nuestra salud psicológica.

Estamos hablando de casos de comer emocional, trastorno por atracón, presencia de atracones (sin cumplir criterios de trastorno por atracón) y sobre todo PREVENCIÓN de todos ellos.

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Comencemos, y para ello nos vamos a centrar de forma exclusiva en las palabras PERMITIR y PROHIBIR.

Prohibir un ALIMENTO (o PRODUCTO) sin justificación (es decir, sin que haya razones evidenciadas fisiológicamente que hacen que por un tiempo determinado los alimentos se restrinjan) cuando no existen razones para ello, más que la rápida pérdida de peso,  provoca un mayor riesgo de que las consecuencias negativas a largo plazo sean mucho peores que los beneficios obtenidos. Prohibir un alimento ocasiona unos cambios determinados a nivel psicológico que desembocan en sentimientos negativos. Veamos un ejemplo:

             Marta tiene prohibido tomar pasta, tartas, postres y pan. Podemos identificar dos vías para esta prohibición:

1)      Prohibición ocasionada por ella misma debido a lecturas de información errónea y dañina, a la sociedad, etc.

2)      Mal enfoque realizado por algún “profesional” o pseudoprofesional.

Sea como sea, Marta tiene PROHIBIDO ingerir dichos productos. Lleva dos semanas con su “dieta” y cada vez tiene más ganas de comerse un plato de pasta o de probar esta tarta casera que en casa han realizado. Sin embargo, hasta ahora se ha resistido porque se considera “fuerte” y tiene muy claros sus “objetivos”.

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Imagínate por un momento qué ocurrirá cuando hayan pasado 3 semanas, y 4, y 2 meses…. La apetencia por esos productos prohibidos aumentará considerablemente con el tiempo, lo cual puede ocasionar ciertos efectos:

  1. Un aumento del deseo e importancia hacia dicho producto que, de forma directa, significará un aumento en la cantidad que se coma el día que se rompa la prohibición.
  2. Un aumento de la ansiedad hacia dichas sustancias, que causará una mayor rapidez a la hora de tomarlo y por tanto menor sensación de saciedad, por lo que al final se tomará más cantidad de alimento.
  3. Crear una asociación directa entre el producto prohibido y la sensación de recompensa y/o liberación (“hoy me lo merezco por haberme restringido todo este tiempo…”), lo que conlleva a una mayor apetencia por ese tipo de productos cada vez que nuestro cerebro necesite ser recompensado emocionalmente por algo.
  4. Tener esos productos como prohibidos hace que se les dé mayor importancia, lo que provoca un aumento de pensamientos relacionados con ellos y por tanto nuestra atención está más orientada hacia esas sustancias de lo que lo estaría si no se hubieran prohibido.
  5. Un posible atracón. Estamos hablando de un producto alimentario prohibido, por lo que la mente interpreta que “si un día lo tomo, es un caso excepcional, algo que no se volverá a repetir en mucho tiempo aunque me apetezca”. Por tanto, y como dice el refrán popular “de perdidos… pues al río”, se tomará una cantidad excesiva y de forma compulsiva, generando sentimientos de fracaso y debilidad a posteriori.
  6. El sentimiento de culpabilidad generado cuando se toma algún producto alimentario prohibido genera un círculo del que es complicado salir, pues a la culpa posterior a comer el alimento prohibido le sigue una nueva prohibición, que probablemente desemboque en un nuevo atracón o ingesta descontrolada, sentimiento de culpa y fracaso,… y así se entra en el círculo.

Ahora le toca el turno a PERMITIR Si Marta decide permitirse esos alimentos, está adquiriendo una responsabilidad con ella misma y por tanto asumiendo un CONTROL INTERNO en sus pautas saludables de alimentación. Es mucho más difícil, a veces, permitirse que prohibirse; puesto que permitir supone tener una serie de compromisos:

  1. Controlar la cantidad de alimentos permitidos, sin que haya un abuso.
  2. Tener clara la diferencia entre hambre real y hambre emocional y no utilizar la comida para calmar un componente psicológico o emocional.
  3. Aprender a sentir e identificar las sensaciones de saciedad.
  4. Conocer y aprender diferentes opciones saludables con las que tomar dichos alimentos.

Además, ser capaz de adquirir estos compromisos genera beneficios a largo plazo:

Control interno en la toma de decisiones.
– Dar la importancia que tiene a cada alimento, sin sobrevalorar ninguno en concreto, y con la perspectiva adecuada. Ningún alimento es imprescindible (excepto la leche materna).
Disminución del deseo y la ansiedad.
Responsabilidad y bienestar interno, evitando los sentimientos de culpa y excusa.
Mayor motivación en la consecución de los objetivos.
– Capacidad de identificar y gestionar situaciones emocionalmente estresantes que pueden afectar los patrones alimentarios.
– Habilidad para crear opciones saludables con diferentes productos o alimentos.

En definitiva, se trata de enseñar y aprender a gestionar nuestras emociones.

Si prohibimos, no educamos; simplemente tapamos el problema sin encontrarle una solución a largo plazo. Es cierto que en muchas ocasiones es necesario realizar modificaciones alimentarias en un primer momento, lo cual no requiere de una prohibición propiamente dicha, sino de un aprendizaje de cuáles son los alimentos que deben formar parte de nuestra dieta habitual y qué productos no son saludables ni necesarios, así como los efectos de cada uno sobre nuestro organismo (tanto física como psicológicamente). Lo más importante es ofrecer herramientas a la persona para que sea quien tenga el control sobre su alimentación, sus emociones y su salud.

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Y recuerda, TÚ eres tu mejor herramienta.

Cristina Andrades

 

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Sobre “Anas” y “Mias”

Anorexia y bulimia trastornos conducta alimentaria

Hoy día 30 de noviembre celebramos el día  internacional de la lucha contra los trastornos de la conducta alimentaria (TCA).

No hablaré de datos, ni de porcentajes, ni de estadísticas….esta información la disponemos a golpe de click.

Aprovechando este día, prefiero recordar todos esos aspectos que no se comentan tan a menudo y que son parte del día a día en la lucha contra la aparición de estos problemas relacionados con la conducta alimentaria.

anorexia y bulimia

Hablábamos antes de la información disponible en internet… Pues a golpe de click también disponemos de muchísimas páginas pro “Anas” (así las llaman cuando se refieren a la anorexia) y “Mias” (cuando hacen referencia a la bulimia) que desgraciadamente continúan facilitando datos y trucos para poder superar periodos de ayuno, para esconderse de los padres, para ocultar pruebas, etc. La mayor lucha contra esta fuente de recursos que fomentan los TCA se puede hacer a través de la información tanto a los padres como a la población de la existencia de dichas páginas. Conocerlas y saber lo que en ellas se recomienda, nos ayudará a encontrar señales de alarma que podemos identificar y de esta forma AYUDAR a la persona que sufre un trastorno de la conducta alimentaria.

Porque lo importante es AYUDAR a SUPERAR el problema. Tal vez no comprendas qué puede ocurrir para que una persona tenga una distorsión de su imagen corporal; quizás tampoco entiendas cómo se puede aguantar sin comer durante tantísimas horas por miedo a ingerir más calorías… o riñas  a menudo con esa amiga tuya que es tan guapa pero que os repite muy a menudo que no le sienta nada bien.  Pero en todos estos casos, tú puedes ayudar; no se trata de juzgar…se trata de APOYAR y COMPRENDER, aunque n el fondo no logres entender en qué consisten estas enfermedades.

Post41_Manos

Y sí, he dicho ENFERMEDAD.  Una persona que sufre un trastorno de la conducta alimentaria no está pasando por este proceso por decisión propia, ni porque quiera, ni está en su mano solucionarlo de forma individual y sin ayuda.; está pasando por un proceso de ENFERMEDAD.  Aceptar esto es uno de los primeros pasos que debemos de dar y es prioritario para eliminar culpabilidades futuras así como para entender que al considerarse una ENFERMEDAD es necesario acudir a PROFESIONALES de la SALUD  que los apoyen y ayuden a utilizar sus herramientas y fortalezas para superar el problema.

Como profesional en contacto directo con población que sufren diferentes TCAs, hoy sólo tengo que decir que SE PUEDE, la lucha será larga, quizás no muy agradable pero la recompensa es volver a disfrutar de la vida.

Cristina Andrades